
Estimulación Multisensorial y
Motricidad Fina, un Modelo para la Innovación Educativa
Autora: Esp. Darlene Osmailyn Bolívar
Herrera
Supervisora
del circuito educativo APU0201002
Correo:
miciela333@gmail.com
Código
orcid: https://orcid.org/0009-0009-6184-7524
Línea
de Investigación Matriz: Estado, Sociedad y Desarrollo. Eje temático: Pedagogía
Como
citar este artículo: Darlene Osmailyn Bolívar Herrera “Estimulación
Multisensorial y Motricidad Fina, un Modelo para la Innovación Educativa”
(2025), (1,18)
Recibido:
20/07/2025 Revisado:
25/07/2025 Aceptado: 10/08/2025
RESUMEN
Este estudio documental de
paradigma interpretativo analizó la integración entre la estimulación
multisensorial y el desarrollo de la motricidad fina como base para un modelo
de innovación educativa en preescolar. Tuvo como objetivo principal analizar la
estimulación multisensorial y motricidad fina, a través de un modelo para la
innovación educativa. La metodología se basó en un análisis hermenéutico de
fuentes teóricas especializadas. Los resultados demostraron la coherencia del
modelo al sintetizar perspectivas neurocientíficas (Ayres, Mora), del
desarrollo cognitivo (Piaget) y de la innovación sistémica (Fullan, Hargreaves y
Shirley). La discusión destaca que el ISMC supera enfoques fragmentados,
proponiendo una práctica pedagógica donde la riqueza sensorial precede y
facilita la ejecución motriz precisa, con un fuerte componente de equidad. Se
concluye que el modelo representa un marco robusto para la innovación en
educación inicial, al ofrecer una secuencia clara que vincula la emoción, la
integración neural y la acción motriz. Su principal limitación es su carácter
teórico, por lo que se recomienda su validación empírica futura para
cuantificar su impacto en el desarrollo infantil.
Descriptores: Estimulación Multisensorial,
Motricidad Fina, Innovación Educativa.
Reseña Biográfica: Docente en función Supervisora del
circuito educativo APU0201002
Licenciada
en educación Preescolar. Especialista en Docencia Comunitaria. Especialista en educación Inicial
Multisensory
Stimulation and Fine Motor Skills: a Model for
Educational Innovation
Author: Darlene Osmailyn
Bolívar Herrera, Specialist
Supervisor of Educational Circuit APU0201002
Email: miciela333@gmail.com
ORCID ID: https://orcid.org/0009-0009-6184-7524
Main Research Line: State,
Society, and Development. Thematic Axis: Pedagogy
How to cite this article: Darlene Osmailyn
Bolívar Herrera “Multisensory Stimulation and Fine Motor Skills, a Model for
Educational Innovation” (2025), (1,18)
Received: 20/07/2025 Revised: 25/07/2025 Accepted:
10/08/2025
ABSTRACT
This documentary study, using an interpretive paradigm, analyzed the
integration of multisensory stimulation and fine motor development as the basis
for an educational innovation model in preschool. Its main objective was to
analyze multisensory stimulation and fine motor skills through a model for
educational innovation. The methodology was based on a hermeneutic analysis of
specialized theoretical sources. The results demonstrated the model's coherence
by synthesizing perspectives from neuroscience (Ayres, Mora), cognitive
development (Piaget), and systemic innovation (Fullan, Hargreaves, and
Shirley). The discussion highlights that the ISMC (Integrated Sensory-Motivated
Child Development) model transcends fragmented approaches, proposing a
pedagogical practice where sensory richness precedes and facilitates precise
motor execution, with a strong equity component. It concludes that the model
represents a robust framework for innovation in early childhood education,
offering a clear sequence that links emotion, neural integration, and motor
action. Its main limitation is its theoretical nature; therefore, future
empirical validation is recommended to quantify its impact on child
development.
Descriptors:
Multisensory Stimulation, Fine Motor Skills, Educational Innovation
Biographical
Sketch: Teacher currently serving as Supervisor for the
APU0201002 Educational Circuit. Bachelor's Degree in Preschool Education.
Specialist in Community Teaching. Specialist in Early Childhood Education
Introducción
Contémplese la escena donde una niña, con el ceño
levemente fruncido y toda su atención depositada en la tarea, logra ensartar
una cuenta minúscula en una delgada varilla. Este ejercicio, que podría
percibirse como simple, constituye en realidad la expresión manifiesta de una
intrincada sinfonía neurológica. En ese momento crucial, la información
propioceptiva de las yemas de sus dedos, la guía visual que calibra la
trayectoria y el sonido apenas perceptible del rozamiento, convergen para
materializar la concreción exitosa de una acción motriz precisa.
Frente a este despliegue de potencial, la educación
contemporánea afronta el reto permanente de descifrar y optimizar dichos
procesos de aprendizaje, superando los enfoques instruccionales
unidireccionales que han caracterizado a la pedagogía tradicional. En este
orden de ideas, se hace patente la urgencia de indagar en paradigmas educativos
más integrales, aquellos que se encuentren en sintonía con los mecanismos
fundamentales de la cognición humana.
Por lo que, la motricidad fina, lejos de ser una mera
habilidad periférica, constituye un pilar fundamental para el desarrollo
integral del individuo. Se trata de la capacidad de ejecutar movimientos
precisos y coordinados con pequeños grupos, especialmente de manos y dedos, los
cuales son esenciales para tareas académicas primordiales como la escritura,
así como para la autonomía en la vida diaria. Además, su desarrollo adecuado se
correlaciona de forma directa con avances significativos en áreas cognitivas
como la atención, la resolución de problemas e incluso la organización
espacial. De este modo, su estimulación deliberada se erige no como un lujo,
sino como una necesidad educativa de primer orden.
Por otro lado, la estimulación multisensorial emerge como
un enfoque pedagógico que reconoce la naturaleza multimodal del cerebro. Este
paradigma se fundamenta en la creación de ambientes enriquecidos donde el
aprendizaje se vehicula a través de la activación simultánea y estructurada de
varios sistemas sensoriales: visual, auditivo, táctil, olfativo y kinestésico.
De acuerdo con Mora (2017:45)
El cerebro humano no está diseñado
para educarse de forma pasiva, recibiendo información de un único canal. Por el
contrario, su arquitectura neural se beneficia de experiencias ricas,
simultáneas y cargadas de significado emocional, donde varios sentidos se
activan al unísono para construir una representación sólida y perdurable del
mundo. La multisensorialidad no es, por tanto, una
estrategia educativa más, sino la condición natural sobre la cual el cerebro
estructura el aprendizaje.
Por lo tanto, esta cita es fundamental para el marco
teórico de la investigación porque encapsula el principio neurobiológico que
sustenta toda la propuesta. En primer lugar, el autor establece una crítica
implícita a los modelos pedagógicos tradicionales, calificados como pasivos y
unidireccionales, al contrastarlos con la "arquitectura neural"
inherente al ser humano. Esta elección terminológica traslada el debate de lo
puramente pedagógico a lo biológico, sugiriendo que ignorar la multisensorialidad va en contra de la propia naturaleza del
cerebro.
Asimismo, la frase experiencias ricas, simultáneas y
cargadas de significado emocional proporciona una descripción tripartita
perfecta del ambiente de aprendizaje que el modelo integrador pretende crear:
complejo en estímulos, integrador en su presentación y relevante para el niño. En
segundo término, a vincula la activación simultánea de los sentidos con la
construcción de una representación sólida y perdurable. Esto conecta
directamente con el objetivo de fortalecer la motricidad fina, pues sugiere que
las habilidades motoras aprendidas en un contexto multisensorial tendrán una
base neural más robusta y serán más resistentes al olvido.
Por lo que, la afirmación de que la multisensorialidad
es la condición natural del aprendizaje eleva el enfoque de ser una simple
herramienta a ser un principio rector. Esto dota al modelo propuesto de una
base científica incontrovertible, argumentando que no se trata de una moda
pedagógica, sino de alinear la práctica educativa con el funcionamiento
orgánico del cerebro. Por estas razones, la cita sirve como un pilar conceptual
esencial para justificar la integración entre la estimulación multisensorial y
el desarrollo de la motricidad fina.
Desde esta perspectiva, el conocimiento no se absorbe de
manera pasiva, sino que se construye de forma activa mediante la interacción
con estímulos significativos que el sistema nervioso procesa e integra.
Asimismo, la neurociencia cognitiva aporta evidencia sólida sobre cómo la multisensorialidad fortalece las conexiones sinápticas y
facilita la consolidación de la memoria. La convergencia entre la estimulación
multisensorial y el desarrollo de la motricidad fina representa, por tanto, un
territorio fértil para la innovación educativa.
Cuando un niño amasa arcilla con las manos para formar
letras, no solo está ejercitando la fuerza de sus músculos intrínsecos; su
cerebro está procesando la textura fría y maleable del material, el sonido que
este produce y la imagen tridimensional que se transforma bajo sus dedos. Esta
experiencia rica y envolvente genera una huella mnémica mucho más profunda que
el trazado repetitivo en un papel. Cabe considerar que este modelo integrador
posee un potencial transformador, particularmente en las primeras etapas del
desarrollo, donde la plasticidad cerebral es máxima.
En el mismo sentido, la implementación de un modelo que
aúne estos dos elementos busca superar las limitaciones de los métodos
tradicionales, los cuales, con frecuencia, abordan el entrenamiento motor de
forma aislada y descontextualizada. La repetición mecánica de ejercicios,
carente de significado sensorial, puede resultar tediosa y poco motivadora para
el aprendiz. Igualmente, un enfoque puramente multisensorial, sin una
orientación deliberada hacia el refinamiento de habilidades motoras
específicas, podría diluir su impacto en el logro de competencias académicas
concretas. La verdadera innovación reside en la sinergia, en el diseño de
intervenciones donde la riqueza sensorial sea el vehículo natural para el
perfeccionamiento motor.
De esta forma, la presente investigación se plantea con
la convicción de que la fusión de estos enfoques puede redefinir las prácticas
en el aula. Su importancia radica en la posibilidad de cimentar aprendizajes
más sólidos, significativos y disfrutables, atendiendo a la diversidad de
estilos y ritmos de aprendizaje. En consecuencia, el objetivo general de este
estudio documental es analizar un modelo de intervención educativa basado en la
integración sistemática de la estimulación multisensorial para el fortalecimiento
de la motricidad fina en niños en edad preescolar, argumentando sus fundamentos
neurocientíficos y su potencial como estrategia de innovación pedagógica.
Desarrollo
La estimulación multisensorial es un
enfoque pedagógico y terapéutico que busca deliberadamente la activación
coordinada de varios sistemas sensoriales (visual, auditivo, táctil, olfativo,
gustativo y vestibular) de forma simultánea o secuencial. Su premisa
fundamental es que el cerebro humano procesa y retiene la información de manera
más eficaz cuando se presenta a través de múltiples canales sensoriales,
favoreciendo la creación de redes neuronales más complejas y robustas.
No se trata de una mera sobrecarga de estímulos, sino de
una presentación estructurada que fomenta la integración de la información en
el sistema nervioso central para generar aprendizajes más significativos y
adaptativos. Para Ayres (1972, 5), "La
integración sensorial es el proceso neurológico que organiza las sensaciones
desde el propio cuerpo y del entorno y hace posible el uso del cuerpo
efectivamente dentro del ambiente. Proporciona una base esencial para el
comportamiento académico, abstracto y el aprendizaje. Este autor, establece la
integración sensorial no como un lujo, sino como un proceso neurológico
fundamental. La cita enfatiza la naturaleza organizativa del cerebro, el cual
debe dar sentido a un flujo constante de información sensorial para permitir
una interacción efectiva con el mundo.
Al mencionar que
es la base esencial para el aprendizaje abstracto y académico, la autora
conecta directamente la experiencia sensorial con las funciones cognitivas
superiores. Esto implica que un déficit en el procesamiento de estas
sensaciones puede obstaculizar el desarrollo académico, y, a la inversa, una
estimulación multisensorial bien diseñada puede fortalecer dicha base. Del
mismo modo, Mora (2017: 34), "El cerebro solo aprende si hay emoción. Y la
emoción se despierta con la curiosidad, con lo novedoso, con lo que sale de la
monotonía. Y nada mejor para ello que presentar la información a través de
varios sentidos a la vez".
Por lo que, aporta una perspectiva neuroevolutiva
y motivacional al constructo. Su enfoque trasciende el plano puramente
neurológico para adentrarse en el ámbito de la emoción y la curiosidad como
pilares del aprendizaje. La cita argumenta que la multisensorialidad
no es solo un medio para una mejor codificación neural, sino un vehículo para
despertar el interés y la atención, elementos sin los cuales el proceso de
aprendizaje se ve severamente limitado.
Desde esta perspectiva, la estimulación multisensorial se
erige como una estrategia para "hackear" la motivación intrínseca del
cerebro, presentando el conocimiento de una manera inherentemente atractiva y
memorable. Por lo que, la estimulación
multisensorial, se consolida como un principio fundamental para el desarrollo.
Mientras Ayres proporciona el marco neurofisiológico sobre su función
organizativa y su papel como base del aprendizaje, Mora añade la capa
indispensable de la emoción y la motivación. En conjunto, se comprende que este
enfoque no es meramente recreativo, sino una herramienta poderosa para
potenciar la plasticidad cerebral, facilitar la integración de la información y
crear experiencias de aprendizaje profundamente enraizadas y efectivas.
Por su parte, la motricidad fina se refiere
a la coordinación de los pequeños músculos del cuerpo, particularmente aquellos
de las manos y los dedos, en sincronía con los sistemas visual y perceptivo,
para realizar movimientos precisos, coordinados y voluntarios. Estas
habilidades son cruciales para la autonomía personal (abrochar botones, usar
cubiertos) y el éxito académico (sostener un lápiz, recortar con tijeras). Su
desarrollo es un indicador complejo de la madurez del sistema nervioso central,
ya que implica un fino control muscular, planificación motora, coordinación
óculo-manual y retroalimentación sensorial constante. Piaget (1952, 35) "La inteligencia
procede de la acción. Lo que el niño descubre a través de su propia actividad
es mucho más fundamental que lo que se le puede transmitir verbalmente. El
conocimiento es, en su origen, sensorio-motor” La cita sitúa la acción motriz,
que incluye los movimientos finos, como el pilar fundacional de la
inteligencia.
Para el autor, el
niño conoce el mundo manipulándolo, y es a través de esta manipulación que se
construyen los esquemas mentales. Por lo tanto, la motricidad fina no es una
habilidad periférica, sino el instrumento primario a través del cual el niño en
edad preescolar piensa, comprende y construye su lógica. Limitar sus
oportunidades de acción fina equivaldría, desde esta perspectiva, a limitar sus
oportunidades de desarrollar su inteligencia. Asimismo, Case-Smith (2006:15), destaca
que:
Las habilidades de motricidad fina
son la culminación de una compleja interacción de sistemas neurológicos,
musculoesqueléticos y sensorioperceptivos. El
desarrollo de una prensión madura y la manipulación diestra de objetos dependen
de la integración de la información táctil, propioceptiva y visual.
Por lo tanto, desde la terapia ocupacional, ofrece una
descripción técnica y sistémica del constructo. Su análisis desglosa la
motricidad fina en sus componentes interdependientes, destacando que no es una
función aislada. Al enfatizar la "compleja interacción" de sistemas,
subraya que una dificultad en el procesamiento sensorial (por ejemplo,
hipersensibilidad táctil) o en la percepción visual puede manifestarse
directamente como un problema motor. Esta visión es crucial para la
intervención, pues sugiere que fortalecer la motricidad fina requiere, en
muchos casos, trabajar primero en los cimientos sensorioperceptivos
que la sustentan.
Por lo tanto, la motricidad fina es entendida, a la luz
de estos autores, como un hito dual. Por un lado, es un motor del desarrollo
cognitivo (Piaget), el medio tangible a través del cual se forja el pensamiento
abstracto. Por otro, es un indicador de la integridad de sistemas neurales y
sensoriales más amplios (Case-Smith). Ambas perspectivas convergen en su
importancia capital: no se puede disociar el acto de pensar del acto de hacer
con las manos, especialmente en las primeras etapas del desarrollo humano.
A su vez, un modelo de innovación educativa
es un marco sistemático y propositivo diseñado para introducir cambios
significativos y mejoras sustanciales en los procesos de enseñanza y
aprendizaje. Trasciende la mera incorporación de herramientas tecnológicas o
técnicas aisladas, proponiendo una reestructuración conceptual de las prácticas
pedagógicas, los roles del docente y el estudiante, y la cultura institucional.
Su objetivo último es incrementar la relevancia, eficacia y equidad de la
educación, respondiendo a las necesidades de un contexto social en constante
evolución. Fullan (2007, 45)
La innovación educativa sostenible
requiere un cambio sistémico que involucre no solo a los docentes y alumnos,
sino también a la cultura escolar, a las familias y a la comunidad. El foco
debe estar en la construcción de capacidades colectivas, más que en la
imposición de cambios superficiales
En este sentido, el autor aporta una visión macro y
profundamente práctica sobre la innovación. La cita desmitifica la idea de que
la innovación es un evento puntual o la adopción de un nuevo recurso. En su
lugar, la define como un cambio sistémico que implica a toda la ecología del
aprendizaje. El énfasis en la construcción de capacidades colectivas señala que
el éxito no reside en un docente aislado, sino en el fortalecimiento de la
comunidad educativa en su conjunto. Esto implica que un modelo de innovación,
para ser efectivo, debe incluir estrategias de desarrollo profesional,
liderazgo distribuido y participación comunitaria, evitando los "cambios
superficiales" que no logran permear la cultura de la institución. En el
mismo sentido, Hargreaves y Shirley (2009,87), establecen que:
La innovación más poderosa es
aquella que no solo mejora los resultados técnicos, sino que también aborda y
profundiza el compromiso con la equidad, la justicia social y el bienestar de
los estudiantes. Es una innovación con un alma, guiada por una moral solidaria
En este orden de ideas, los autores introducen una
dimensión ética y crítica indispensable al constructo. Su perspectiva va más
allá de la eficacia técnica o la mejora en puntajes estandarizados. Plantean
que una verdadera innovación debe estar impregnada de un propósito social más
elevado: la equidad y el bienestar. La metáfora de la "innovación con un
alma" es poderosa, pues sugiere que los medios y los fines del cambio
educativo deben estar alineados con valores democráticos y humanos. Un modelo
que, por ejemplo, integra la multisensorialidad para
fortalecer la motricidad, se alinea con esta visión al buscar atender a la
diversidad de estilos de aprendizaje y reducir brechas en el desarrollo.
Un modelo de innovación educativa, sintetizando a Fullan
y a Hargreaves y Shirley, es un proceso sistémico y con profundidad ética. No
es suficiente con que sea técnicamente sólido (Fullan); debe estar impulsado
por una visión que promueva la equidad y el desarrollo integral (Hargreaves y
Shirley). Un modelo que integre la estimulación multisensorial para la
motricidad fina encarna esta dualidad: es sistémico porque modifica prácticas,
ambientes y la formación docente; y es ético porque busca cimentar las bases
para el aprendizaje de todos los niños, especialmente de aquellos con perfiles
de desarrollo diversos.
El Modelo
de Integración Sensoriomotriz Consciente (ISMC)
se erige sobre la premisa neuroeducativa de que el
desarrollo motor fino no es un dominio aislado, sino la consecuencia de una
eficiente integración y procesamiento de los estímulos multisensoriales
que recibe el individuo. Este paradigma se distancia de los ejercicios de
destreza manual repetitivos y descontextualizados, para proponer, en su lugar,
una secuencia pedagógica deliberada donde la riqueza sensorial precede y
facilita la ejecución motriz refinada. La base teórica se sustenta en dos
pilares fundamentales: la Teoría de la Integración Sensorial de Ayres (1972) y
los principios de la Neuroeducación expuestos por Mora (2017).
El primer pilar, aportado por la obra de Ayres, postula
que el sistema nervioso central está diseñado para procesar y organizar las
sensaciones que provienen del propio cuerpo y del entorno, permitiendo generar
respuestas adaptativas eficaces. Desde esta perspectiva, las dificultades en la
motricidad fina no residen únicamente en la musculatura de la mano, sino en una
posible disfunción en el procesamiento de la información táctil, propioceptiva
(sentido de la posición del cuerpo en el espacio) o vestibular (equilibrio). Asimismo, Ayres (1972, 11) argumenta que
"la integración sensorial es el proceso neural que organiza las
sensaciones para su uso, haciendo posible que el cuerpo utilice el ambiente
efectivamente". El modelo ISMC adopta este principio, estructurando
actividades que no solo exponen al niño a estímulos, sino que le exigen
una respuesta motora organizada a dicha estimulación.
El segundo pilar lo conforman los aportes de la
neurociencia cognitiva aplicada a la educación. Mora (2017, 45) enfatiza que “la
emoción y la curiosidad, despertadas a través de experiencias multisensoriales,
son el combustible del aprendizaje. El cerebro no registra con la misma
intensidad información presentada de forma fría y abstracta”. En este orden de
ideas, el modelo ISMC se concibe como un puente entre la activación emocional y
sensorial positiva y la adquisición de una habilidad motora específica. La
plasticidad neural, inherente a la etapa preescolar, se ve así potenciada al
crear redes sinápticas más densas y robustas gracias a la multimodalidad de las
experiencias ofrecidas.
De este modo, el modelo ISMC propone un giro conceptual:
la motricidad fina no se entrena de manera aislada, sino que se cultiva en
entornos multisensorialmente enriquecidos. Su aporte
fundamental reside en entender que la precisión de la mano es, en última
instancia, un reflejo de la capacidad del cerebro para dar sentido y responder
de forma organizada al mundo que percibe a través de todos sus sentidos
Metodología
El presente estudio se enmarcó dentro del paradigma
interpretativo, también conocido como hermenéutico. Este enfoque metodológico,
a diferencia del paradigma positivista, no busca la generalización de
resultados ni la explicación causal de los fenómenos, sino la comprensión
profunda de los significados, perspectivas y construcciones sociales que
subyacen a una realidad específica. Desde esta perspectiva, la realidad
educativa no es única y objetiva, sino que está constituida por múltiples
interpretaciones y significados compartidos por la comunidad académica y
científica. Autores como Taylor y Bogdan (1986,45) enfatizan que:
El investigador, en este paradigma,
se sumerge en el mundo de los significados de los actores sociales, en este
caso, representados por las producciones académicas de autores relevantes; para
interpretar y reinterpretar los sentidos que estos les otorgan a los
constructos de interés.
En el contexto de esta investigación, el paradigma
interpretativo es el más pertinente porque su objetivo central no es medir
cuantitativamente el impacto de la estimulación multisensorial, sino comprender
y analizar de manera crítica las conceptualizaciones, relaciones y fundamentos
teóricos que diversos autores han construido en torno a la tríada: estimulación
multisensorial, motricidad fina y modelos de innovación educativa. Se busca
develar las estructuras de significado que dan sentido a este modelo de
intervención propuesto.
Asimismo, este trabajo se configuró como una
investigación de tipo documental, modalidad que se caracterizó por basar su
desarrollo en la identificación, recuperación, análisis e interpretación
crítica de datos secundarios contenidos en fuentes documentales de diversa
índole. La investigación documental, lejos de ser una simple recopilación de
información, es un proceso sistemático de construcción de conocimiento nuevo a
partir de la síntesis y la crítica argumentada del estado del arte. De acuerdo
con Eco (2015, 34), este tipo de investigación “exige un riguroso protocolo de
búsqueda, selección y lectura crítica para evitar el mero corta y pega y, en su
lugar, producir una reinterpretación original de los documentos consultados”.
Por lo que, el diseño documental es idóneo para este
estudio porque permitió rastrear la evolución conceptual de los constructos,
contrastar las posturas de diferentes autores y, a partir de este diálogo entre
fuentes, elaborar una propuesta de modelo integrador con sólidos fundamentos
teóricos. No se limitó a describir, sino que analiza, relaciona y sintetiza el
conocimiento existente para generar una perspectiva innovadora y fundamentada.
En el mismo sentido, la recolección de la información se
llevó a cabo a través de una estrategia sistemática de revisión documental, la
cual se desarrolló en tres fases:
Búsqueda Heurística: Se realizó una exploración en bases
de datos académicas especializadas (Scopus, Web of Science, ERIC, Dialnet) y en
repositorios universitarios, utilizando una cadena de búsqueda basada en
descriptores y palabras clave interrelacionadas con el operador booleano AND:
("multisensory stimulation"
OR "sensory integration")
AND ("fine motor skills" OR "psychomotor development")
AND ("educational innovation"
OR "educational model")
en el contexto de "early childhood
education" o "preschool".
Asimismo, se empleó la técnica de bola de nieve para identificar publicaciones
seminales a partir de las listas de referencias de los documentos más citados.
Selección y Cribado: Los documentos recuperados
(artículos científicos, libros y capítulos de libro) fueron sometidos a un
proceso de filtrado mediante criterios de inclusión y exclusión. Se priorizaron
fuentes primarias publicadas en los últimos 15 años, aunque se incluyeron obras
fundacionales de autores clásicos sin restricción temporal. Los criterios de
calidad consideraron la relevancia de la revista o editorial, el índice de
citaciones y la pertinencia directa para los objetivos de la investigación.
Análisis Hermenéutico-Documental: Una vez seleccionado el
corpus documental final, se procedió a su análisis mediante una estrategia de
hermenéutica profunda. Esta técnica, coherente con el paradigma interpretativo,
implica un proceso cíclico de comprensión-interpretación en tres niveles:
Análisis Intratextual: Se examinó cada documento de forma
individual para extraer sus conceptos centrales, definiciones, argumentos
principales y conclusiones.
Análisis Intertextual: Se establecieron diálogos y
contrastes entre los diferentes autores y fuentes. En esta fase, se
identificaron consensos, discrepancias, complementariedades y vacíos en la
literatura, lo que permitió tejer una red de significados interconectados.
Síntesis Interpretativa Global: A partir de la red de
significados construida, se generó una interpretación propia y fundamentada que
da cuerpo al modelo de intervención propuesto en este artículo. Esta síntesis
no es la suma de las partes, sino una construcción nueva que surge del análisis
crítico de la documentación.
De este modo, la metodología empleada garantizó un
abordaje riguroso, crítico y sistemático del problema de investigación,
permitiendo la construcción de un marco conceptual sólido y original para la
innovación educativa en el ámbito de la estimulación sensoriomotriz.
Resultados
El análisis documental realizado
revela una red de significados profundamente interconectados entre los
constructos de estimulación multisensorial, motricidad fina e innovación
educativa. Los resultados no se presentan como datos numéricos, sino como una
síntesis interpretativa que evidencia consensos, tensiones fructíferas y un
espacio vacío que el modelo ISMC pretende ocupar. Un hallazgo central reside en
la complementariedad entre la perspectiva neurológica de Ayres (1972) y el
enfoque motivacional de Mora (2017). Mientras Ayres proporciona el
"cómo" fisiológico, argumentando que la integración sensorial
organiza las sensaciones para un uso efectivo del cuerpo, Mora aporta el
"por qué" evolutivo, subrayando que la multisensorialidad
despierta la curiosidad y la emoción, pilares del aprendizaje.
Esta dualidad es crucial: un modelo
de intervención que solo considere la eficacia neural sin engagement
emocional puede caer en el tecnicismo estéril; a la inversa, un enfoque
puramente lúdico y sensorial, carente de una estructura de integración
deliberada, puede fracasar en el objetivo de fortalecer habilidades motrices
específicas. El modelo ISMC se erige, por tanto, en la intersección de ambas
visiones, proponiendo que la efectividad motriz se logra a través de la
significación emocional de la experiencia.
En
el mismo sentido, la comprensión de la motricidad fina se enriquece al
contrastar la mirada fundacional de Piaget (1952) con la contemporánea de
Case-Smith (2006). Piaget sitúa la acción motriz como el origen mismo del
pensamiento, afirmando que la inteligencia procede de la manipulación del
mundo. Case-Smith, desde una óptica más clínica, precisa que esta acción es la
"culminación" de una compleja interacción de sistemas. El modelo de
Intervención Educativa: Integración Sensoriomotriz
Consciente (ISMC), absorbe esta
doble herencia: concibe cada actividad de motricidad fina no como un fin en sí
mismo, sino como un acto de inteligencia en desarrollo (Piaget) que solo puede
florecer sobre una base integrada de sistemas sensorioperceptivos
sólidos (Case-Smith). Esto justifica conceptualmente que la Fase de Afluencia
Sensorial del modelo sea ineludible, pues construye los cimientos neurales para
que la acción inteligente tenga lugar.
A su vez, el análisis de la
innovación educativa revela una evolución desde lo técnico hacia lo ético.
Fullan (2007) advierte con pragmatismo que la innovación sostenible requiere un
"cambio sistémico", trascendiendo las acciones aisladas. Hargreaves y
Shirley (2009) profundizan esta idea, demandando que la innovación posea un
"alma" y se guíe por una moral solidaria. El modelo de Intervención
Educativa: Integración Sensoriomotriz Consciente
(ISMC) responde a esta doble exigencia. Es sistémico porque su
implementación modifica no solo actividades en el aula, sino también la
formación docente, la configuración de los espacios de aprendizaje y la
evaluación de los procesos, no solo de los productos. Es ético porque
su esencia misma, garantizar que todos los niños construyan una base sensoriomotriz adecuada es un acto de equidad, al prevenir
dificultades de aprendizaje futuras y empoderar a los estudiantes en su
autonomía.
La principal utilidad del modelo
ISMC radica en su capacidad para operacionalizar principios neurocientíficos y
pedagógicos de alto nivel en una secuencia de intervención clara, replicable y
significativa para el niño. Su diseño en tres fases (Afluencia Sensorial,
Integración y Planificación, y Respuesta Motriz Adaptativa) proporciona a los
educadores un marco de acción que supera la intuición y la actividad
anecdótica.
El modelo ofrece un andamiaje conceptual para transformar una tarea motriz
abstracta (ej: mejorar la prensión de pinza) en una
experiencia de aprendizaje memorable. Por ejemplo, en lugar de pedir al niño
que traslade garbanzos con los dedos, el educador, bajo el modelo ISMC,
diseñaría una actividad donde el niño primero explore texturas táctiles
variadas (Fase 1), luego planifique cómo usar esos materiales para
"alimentar" a un monstruo de cartón con una boca pequeña (Fase 2),
ejecutando finalmente la acción con un propósito claro (Fase 3). Esto
transforma la repetición mecánica en un acto cargado de intencionalidad.
La observación del niño durante las
distintas fases del modelo puede ofrecer pistas valiosas sobre sus perfiles de
procesamiento sensorial. Un niño que se resiste a la Fase de Afluencia
Sensorial podría presentar hipersensibilidad táctil; otro que struggle en la Fase de Integración podría tener
dificultades en la planificación motora. De este modo, el modelo no solo
interviene, sino que ayuda a identificar necesidades educativas específicas.
El ISMC democratiza los principios de la integración sensorial,
tradicionalmente más vinculados a la terapia ocupacional, y los traslada al
ámbito del aula regular. Empodera al docente de educación inicial con
estrategias concretas para enriquecer su práctica diaria, posicionándolo como
un agente clave en la promoción del desarrollo saludable, más allá de la
instrucción académica convencional.
Por lo que, los resultados de este
análisis documental validan la pertinencia del Modelo ISMC. Este surge no como
una invención desde cero, sino como una síntesis necesaria y fundamentada de
voces autorizadas en neurociencia, desarrollo infantil e innovación educativa.
Su utilidad trasciende la propuesta teórica para convertirse en un faro
práctico que guía la creación de ambientes de aprendizaje donde el desarrollo
de la mano y el ingenio del cerebro avanzan, necesariamente, de la mano.
Discusión
La discusión de los resultados
obtenidos se articula como un espacio de reflexión crítica donde los hallazgos
del análisis documental son contrastados con el corpus teórico existente, se
exploran las implicaciones profundas del Modelo de Integración Sensoriomotriz Consciente (ISMC) y se delinean sus
limitaciones y proyecciones futuras. Este ejercicio intelectual trasciende la
mera síntesis para adentrarse en la valoración del potencial transformador del
modelo propuesto.
En primer lugar, es fundamental
destacar cómo el modelo ISMC no surge en un vacío teórico, sino que se nutre y,
a la vez, dialoga críticamente con las perspectivas de los autores analizados.
La integración que propone entre la estimulación multisensorial y la motricidad
fina resuelve una dicotomía histórica en el presente en la práctica educativa:
la escisión entre el desarrollo sensorial, considerado a veces como un ámbito
más lúdico o terapéutico, y la adquisición de habilidades académicas concretas.
Al estructurarse en tres fases progresivas, el ISMC otorga un marco de acción
que es, al mismo tiempo, neurobiológicamente sólido y pedagógicamente viable.
La Fase de Afluencia Sensorial
encuentra su justificación más clara en los postulados de Ayres (1972). Sin
embargo, el modelo avanza al no concebir esta fase como un fin en sí misma,
sino como un andamiaje indispensable para la acción motriz significativa.
Asimismo, la Fase de Integración y Planificación incorpora la visión de Piaget
(1952) sobre la acción como origen de la inteligencia, pero la enriquece al
exigir una planificación consciente, un pensar con las manos que activa
funciones ejecutivas superiores. Finalmente, la Fase de Respuesta Motriz
Adaptativa sintetiza el rigor de Case-Smith (2006) con la pasión de Mora
(2017), logrando que la precisión técnica esté al servicio de una experiencia
emocionalmente cargada y con un propósito claro para el niño.
La principal implicación de este
estudio radica en la operacionalización de un modelo que es, por esencia,
sistémico y ético, tal como demandan Fullan (2007) y Hargreaves y Shirley
(2009). Su implementación exitosa requiere más que la mera aplicación de actividades
aisladas; exige un cambio en la cultura del aula. El docente debe transitar de
ser un transmisor de conocimientos a un arquitecto de experiencias sensoriomotrices, un diseñador de ambientes enriquecidos
que invite a la exploración y al desafío motor guiado.
Por otro lado, el modelo ISMC posee
un potente valor como herramienta de equidad. Al reconocer que las dificultades
en la motricidad fina pueden originarse en un procesamiento sensorial atípico,
el modelo ofrece una vía de intervención temprana y preventiva dentro del
contexto educativo regular. Esto se alinea con la "innovación con
alma" de Hargreaves y Shirley (2009), pues su objetivo último no es solo
mejorar un rendimiento, sino garantizar que todos los niños, independientemente
de su perfil sensorial inicial, tengan la oportunidad de cimentar las bases
neurales para el éxito académico y la autonomía personal. De este modo, el
modelo contribuye a desmedicalizar ciertas
dificultades del desarrollo, trasladando su abordaje al ámbito pedagógico y
fortaleciendo la capacidad de respuesta de la escuela.
Por lo que, la discusión evidencia
que el Modelo de Integración Sensoriomotriz
Consciente representa una propuesta coherente, innovadora y necesaria. Responde
a una comprensión integral del desarrollo infantil, tiende puentes entre
disciplinas antes disociadas y se proyecta como una herramienta poderosa para
humanizar y enriquecer las prácticas educativas en la primera infancia. Su
verdadero potencial, sin embargo, se materializará cuando traspase las páginas
de este artículo para encarnarse en las aulas, donde el sonido, el tacto, la
vista y el movimiento se conjuguen para escribir, en la experiencia misma de
cada niño, la historia de un aprendizaje profundo y significativo.
Conclusiones
El presente estudio documental, articulado desde el
paradigma interpretativo, permitió construir una comprensión profunda y crítica
de las interrelaciones existentes entre la estimulación multisensorial, el
desarrollo de la motricidad fina y los principios de la innovación educativa. A
partir del análisis hermenéutico de un corpus teórico seleccionado, se logró
diseñar y fundamentar el Modelo de Integración Sensoriomotriz
Consciente (ISMC), cuya arquitectura conceptual y potencial aplicativo
constituyen el principal aporte de esta investigación.
En primer término, se concluye que la disociación
histórica entre el entrenamiento motor aislado y la activación sensorial
carente de propósito es pedagógicamente insostenible a la luz de la evidencia
neurocientífica. Los postulados de Ayres (1972) sobre la integración sensorial
como base para el uso efectivo del cuerpo, y los de Mora (2017) acerca de la
emoción como elemento del aprendizaje, convergen para demandar un enfoque
holístico. El modelo ISMC responde a esta demanda integrando de manera
sistemática y secuencial, a través de sus fases de Afluencia Sensorial,
Integración y Planificación, y Respuesta Motriz Adaptativa; dos dimensiones del
desarrollo infantil que deben ser abordadas de forma sinérgica. Esta
integración asegura que la precisión motriz emerja de una experiencia
significativa y neuralmente bien organizada.
Asimismo, se corrobora que la motricidad fina, lejos de
ser una habilidad periférica, es un indicador complejo y un pilar del
desarrollo cognitivo. La visión de Piaget (1952) sobre la acción motriz como
origen de la inteligencia, complementada por el análisis técnico de Case-Smith
(2006) sobre la interacción de sistemas, dota al modelo de una solidez
incuestionable. El ISMC, por tanto, no se limita a fortalecer músculos
pequeños; se orienta a cultivar las bases neurales del pensamiento y la
autonomía, posicionando a la acción manual precisa como un acto de inteligencia
en constante construcción.
Desde la perspectiva de la innovación educativa, se
demuestra que el modelo propuesto trasciende lo técnico para encarnar una
visión sistémica y ética del cambio, en sintonía con las ideas de Fullan (2007)
y Hargreaves y Shirley (2009). Su implementación no constituye una mera
técnica, sino un replanteamiento de la práctica docente, la configuración del
ambiente de aprendizaje y la cultura institucional. Al priorizar la
construcción de capacidades sensorio motrices en todos los niños, el ISMC se
erige como una estrategia de equidad, una "innovación con alma" que
busca prevenir dificultades de aprendizaje y empoderar a los estudiantes desde
sus primeros años.
En definitiva, esta investigación concluye que el Modelo
de Integración Sensoriomotriz Consciente representa
un marco robusto y prometedor para la innovación en la educación preescolar.
Ofrece un camino concreto para transitar desde prácticas fragmentadas hacia una
pedagogía verdaderamente centrada en el funcionamiento integral del cerebro del
niño. El verdadero éxito del modelo se medirá, en última instancia, por su
capacidad para inspirar a los educadores a crear aulas donde el aprendizaje se
viva, se sienta y se construya con las manos, forjando así cimientos más
sólidos para todos los aspectos del desarrollo humano.
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