Educando el Corazón con Estrategias de Inteligencia Emocional para Niños en el Espectro Autista

 

Autora: MSc. Mariana Carlenys Gámez Gerdez

Equipo de Inclusión Educativa Apure

Correo: marean23@hotmail.com

Código Orcid: 0009-0001-6525-6416

Línea de investigación Matriz: Bienestar, Ambiente y Sostenibilidad. Eje temático: Desarrollo humano integral

 

Como citar este artículo: Mariana Carlenys Gámez Gerdez “Educando el Corazón con Estrategias de Inteligencia Emocional para Niños en el Espectro Autista” (2025), (1,16)

Recibido: 14/08/2025       Revisado: 17/08/2025        Aceptado: 20/08/2025

 

RESUMEN

Este artículo documental analizó la integración de estrategias de inteligencia emocional (IE) para niños en el espectro autista, proponiendo un marco pedagógico innovador. El objetivo general fue analizar educando el corazón con estrategias de inteligencia emocional para niños en el espectro autista. La metodología consistió en una investigación documental analítica-interpretativa, mediante un riguroso análisis de contenido de un corpus de fuentes especializadas. Los resultados revelaron la necesidad de una síntesis coherente entre la pedagogía del cuidado de Noddings, el modelo de IE de Salovey y Mayer y la perspectiva de la neurodiversidad de Silberman. Asimismo, se identificó que la aplicación de la IE requiere una adaptación profunda a la luz de la teoría de la sistematización-empathía de Baron-Cohen, traduciendo las competencias emocionales en sistemas explícitos y estructurados. Se concluye que la inteligencia emocional inclusiva emerge de esta integración, donde el educador diseña experiencias que permiten al niño construir un vínculo emocional con la naturaleza a través de sus fortalezas cognitivas, promoviendo así una conciencia ecológica genuina y significativa.

Descriptores: Inteligencia emocional, espectro autista, pedagogía del cuidado, inclusión educativa.

Reseña Biográfica: Doctorante en Psicopedagogía -UNELLEZ. Magister en Orientación Educativa – UNERG. Licenciada en Educación Integral – UNESR. Docente especialista en el Equipo de Inclusión Educativa Apure.

 

 

 

 

Educating The Heart with Emotional Intelligence Strategies for Children on the Autism Spectrum

 

Author: MSc. Mariana Carlenys Gamez Gerdez

Educational Inclusion Team Apure

Email: marean23@hotmail.com

ORCID Code: 0009-0001-6525-6416

Research Area: Well-being, Environment, and Sustainability. Thematic Focus: Integral Human Development

 

How to cite this article: Mariana Carlenys Gámez Gerdez “Educating the Heart with Emotional Intelligence Strategies for Children on the Autism Spectrum” (2025), (1,16)

Received: 08/14/2025 Revised: 08/17/2025 Accepted: 08/20/2025

 

ABSTRACT

This documentary article analyzed the integration of emotional intelligence (EI) strategies for children on the autism spectrum, proposing an innovative pedagogical framework. The general objective was to analyze educating the heart with emotional intelligence strategies for children on the autism spectrum. The methodology consisted of an analytical-interpretive documentary research, through a rigorous content analysis of a corpus of specialized sources. The results revealed the need for a coherent synthesis between Noddings' pedagogy of care, Salovey and Mayer's EI model, and Silberman's neurodiversity perspective. Furthermore, it was identified that the application of EI requires a profound adaptation in light of Baron-Cohen's systematization-empathy theory, translating emotional competencies into explicit and structured systems. It is concluded that inclusive emotional intelligence emerges from this integration, where the educator designs experiences that allow the child to build an emotional connection with nature through their cognitive strengths, thus promoting a genuine and meaningful ecological awareness.

Descriptors: Emotional intelligence, autism spectrum, pedagogy of care, educational inclusion.

Biographical Sketch: Doctoral Candidate in Psychopedagogy - UNELLEZ. Master's in Educational Guidance - UNERG. Bachelor's in Comprehensive Education - UNESR. Specialist Teacher in the Apure Educational Inclusion Team.

 

 

 

 

Introducciòn

 

            La educación ambiental se erige, en el contexto contemporáneo, como un pilar fundamental para la formación de ciudadanos conscientes y responsables. Desde esta perspectiva, su objetivo trasciende la mera transmisión de conocimientos ecológicos, aspirando a forjar una conexión profunda y empática con los sistemas naturales. No obstante, este objetivo sublime encuentra desafíos particulares al intentar permear en poblaciones neurodivergentes, específicamente en la niñez dentro del espectro autista.

            Cabe considerar que los individuos en el espectro autista suelen procesar la información socioemocional y sensorial de una manera distintiva, lo que puede influir en su interacción con el entorno. Por consiguiente, las estrategias pedagógicas convencionales, a menudo diseñadas para un perfil neurotípico, pueden resultar insuficientes o incluso contraproducentes. De este modo, se genera una brecha entre la intención educativa y la real capacidad de sintonizar con estas mentes excepcionales.

            Cabe considerar que, es necesario tomar en cuenta a Baron-Cohen (2009, 56) para desmontar el mito de una ausencia total de empatía en el autismo. El investigador postula “la Teoría de la Empatía-Sistematización (E-S), la cual propone que los cerebros autistas pueden exhibir un nivel de empatización por debajo de la media, pero, a su vez, un nivel de sistematización igual o incluso superior”. Este análisis es crucial para el presente artículo, ya que proporciona un marco científico que reemplaza el déficit por una diferencia cognitiva. En lugar de asumir una carencia, permite comprender que la expresión de la empatía y el procesamiento emocional en el espectro autista siguen patrones distintos, a menudo más ligados a la lógica y al análisis que a la intuición social inmediata.

            Desde esta perspectiva, las estrategias de inteligencia emocional no pueden basarse en la mera imitación de respuestas neurotípicas; más bien, deben traducirse a sistemas claros, predecibles y estructurados que resuenen con la mente sistematizadora. Por ejemplo, enseñar a reconocer una emoción como la tristeza no debe depender únicamente de la interpretación de una expresión facial sutil, sino que puede complementarse con un semáforo de las emociones o una lista de señales corporales concretas (opresión en el pecho, lagrimeo). De esta forma, el trabajo de este autor sienta las bases para un enfoque de la IE que sea respetuoso y eficaz, alineándose con la propuesta central del artículo de educar desde la comprensión profunda de la neurodiversidad.

            En este orden de ideas, la inteligencia emocional emerge no como un concepto accesorio, sino como un andamiaje esencial para construir aprendizajes significativos. La capacidad de identificar, comprender y regular las propias emociones, además de reconocerlas en los demás, constituye la base sobre la cual se puede edificar la conciencia ecológica. Asimismo, para muchos niños en el espectro autista, el mundo interno de las emociones puede presentarse como un paisaje complejo y, en ocasiones, abrumador.

            Cabe resaltar que, Goleman (1995, 34), popularizó el concepto de inteligencia emocional, definiéndola como “la capacidad de reconocer nuestros propios sentimientos y los ajenos, de motivarnos y de manejar adecuadamente las relaciones”. Si bien su trabajo no se centra en el espectro autista, su marco de las cinco competencias clave (autoconciencia, autorregulación, motivación, empatía y habilidades sociales) ofrece un vocabulario universal para el desarrollo emocional.

            Para este artículo, la contribución de Goleman es doble. Por un lado, proporciona la arquitectura básica sobre la cual se pueden construir programas de intervención específicos. Por otro lado, su énfasis en que la IE es un conjunto de habilidades moldeables y no un rasgo fijo es sumamente esperanzador y aplicable al contexto de la neurodiversidad. Cabe considerar que, al aplicar este modelo a niños en el espectro autista, es necesario realizar adaptaciones profundas. La autoconciencia puede fomentarse a través de diarios emocionales con pictogramas, y la empatía puede trabajarse mediante historias sociales que expliquen de manera explícita las perspectivas de los demás. En el mismo sentido, la autorregulación se convierte en un pilar crítico, ya que es la base para manejar la ansiedad o la sobrecarga sensorial que puede desencadenar un entorno ambiental nuevo o impredecible. Así, provee el qué, mientras que el presente artículo se enfoca en el cómo adaptado a una población específica.

            A su vez, la sobrecarga sensorial frecuentemente asociada a espacios naturales o a dinámicas grupales puede actuar como una barrera infranqueable. Por lo tanto, integrar de manera explícita y sistemática estrategias de regulación emocional y reconocimiento afectivo se convierte en un prerrequisito, no en un complemento, para que el mensaje ambiental pueda ser recibido, procesado y valorado. Se trata, en esencia, de educar el corazón para que este, a su vez, pueda aprender a amar y proteger el mundo que lo rodea.

 

            Cabe resaltar que, Wilson (1984, 45), en la "hipótesis de la biofilia" postula “la existencia de una tendencia innata en los seres humanos a enfocar su atención sobre las formas de vida y sobre todo aquello que se asemeje a ella” (p.76). Este vínculo afectivo inherente con la naturaleza es el sustrato filosófico y biológico sobre el cual se asienta toda la educación ambiental. La relevancia de esta teoría para la investigación propuesta es profunda. Si existe esta conexión innata, entonces también está presente, aunque quizás se exprese de manera singular, en los niños dentro del espectro autista.

            De este modo, el desafío, por lo tanto, no es inculcar un interés que no existe, sino descubrir y potenciar los canales a través de los cuales este se manifiesta. Para un niño autista, la biofilia puede no expresarse como un sentimiento romántico hacia un paisaje, sino más bien como un profundo interés por los patrones de las hojas, la repetición sistemática de los ciclos naturales o el comportamiento metódico de los insectos. Desde esta perspectiva, el papel de la inteligencia emocional es actuar como un traductor o un facilitador, ayudando al niño a conectar su interés sistematizador innato por un elemento natural (por ejemplo, clasificar rocas) con una valoración emocional y un sentido de cuidado hacia ese mismo elemento. De este modo, la biofilia y la IE se entrelazan: la primera proporciona el imán y la segunda las herramientas para comprender y canalizar esa atracción hacia un compromiso activo

            En tal sentido, el presente artículo documental busca, por tanto, analizar un marco teórico-práctico para la integración sinérgica de estrategias de inteligencia emocional en programas de educación ambiental dirigidos a niños en el espectro autista. Desde esta perspectiva, se examinarán metodologías como el Aprendizaje Socioemocional (SEL), las historias sociales y las prácticas de mindfulness adaptadas, evaluando su potencial para crear puentes de comprensión y compromiso. Del mismo modo, se argumentará que una educación ambiental verdaderamente inclusiva es aquella que no solo adapta contenidos, sino que rediseña sus enfoques pedagógicos desde la neurodiversidad, reconociendo y honrando las distintas formas de habitar, sentir y aprender.

 

Desarrollo

 

Educando el Corazón: Una Pedagogía de la Conexión Afectiva

 

            El concepto "Educando el Corazón" trasciende la mera retórica para posicionarse como un paradigma pedagógico profundamente intencionado. Desde esta perspectiva, no se refiere a un sentimentalismo vago, sino a la implementación deliberada de una educación que integre las dimensiones afectiva, ética y social del ser humano en el proceso de aprendizaje. Asimismo, este enfoque busca cultivar cualidades como la empatía, la compasión, la autorregulación y el respeto por la alteridad.  De este modo, la filosofía educativa de Noddings (2005, 20), particularmente

Su teoría del cuidado constituye el sustrato teórico fundamental del concepto educando el corazón. Señala que, la educación no debe comenzar con un currículum abstracto, sino con la relación dialógica entre el educador y el educando, donde el primero adopta una postura de receptividad y compromiso genuino.

            Esta idea es radicalmente transformadora para el trabajo con niños en el espectro autista, ya que desplaza el foco desde la corrección de conductas atípicas hacia la comprensión y la respuesta sensible a sus formas únicas de comunicación y necesidad. La ética del cuidado propuesta por el autor se alinea con la necesidad de crear un ambiente de aprendizaje seguro y predictivo, un prerrequisito para que cualquier niño, pero especialmente uno que puede experimentar el mundo como sensorialmente caótico, pueda abrirse emocionalmente.

            Además, su noción de que el cuidado se puede enseñar modelándolo y practicándolo directamente ofrece un camino claro para la implementación: el docente se convierte en un modelo de calma, escucha activa y respeto, no solo hacia el alumno, sino también hacia todos los elementos del ecosistema. De este modo, al crear una "relación de cuidado" con el niño, se sientan las bases para que este, a su vez, desarrolle una relación de cuidado con el mundo natural. La contribución, por lo tanto, dota de profundidad filosófica y metodológica a la aparentemente simple idea de educar el corazón, transformándola en una práctica relacional ética y consciente.

            En el mismo sentido, se distancia de modelos instruccionales tradicionales centrados exclusivamente en la cognición, proponiendo, en su lugar, un modelo holístico. Cabe considerar que, en el contexto de la educación ambiental, educar el corazón implica fomentar un vínculo emocional con la naturaleza que precede y sustenta la acción conservacionista. De esta forma, el objetivo último no es solo que el niño sepa que debe reciclar, sino que desee hacerlo por una genuina conexión con su entorno. Por consiguiente, este paradigma exige estrategias didácticas que valoren la subjetividad y que reconozcan las múltiples formas de experimentar y expresar las emociones, especialmente en aprendices neurodivergentes.

 

La Inteligencia Emocional: El Andamiaje Científico de la Competencia Afectiva

 

            La Inteligencia Emocional (IE), lejos de ser una noción pseudocientífica, representa un constructo psicológico robusto que dota de estructura al desarrollo de las competencias. Definida seminalmente por Salovey y Mayer (1990) y posteriormente popularizada por Goleman, la IE se compone de un conjunto de habilidades interrelacionadas. Estas incluyen la percepción de las emociones propias y ajenas, la asimilación de dichos sentimientos en el pensamiento, la comprensión de la información emocional y la regulación reflexiva de la emoción para promover el crecimiento intelectual y emocional. Si bien Salovey y Mayer (1990, 87), proporcionaron

El marco conceptual, representa la piedra angular conceptual sobre la cual se edificó todo el campo de estudio de la inteligencia emocional. Los autores no se limitan a acuñar un término atractivo, sino que realizan una operación científica crucial: deslindan la inteligencia emocional del constructo más general de la personalidad y la anclan firmemente dentro de las capacidades cognitivas susceptibles de ser medidas y desarrolladas.

            Desde esta perspectiva, su principal contribución reside en haber proporcionado por primera vez una definición operativa y un marco teórico coherente. Asimismo, proponen un modelo compuesto por tres dominios o habilidades principales que, aunque posteriormente refinado, estableció la arquitectura básica del concepto. El primer dominio es la evaluación y expresión de la emoción, que abarca la capacidad de identificar las emociones en uno mismo y en los demás, así como de expresarlas de manera adecuada. El segundo es la regulación de la emoción, referida a la habilidad para manejar y modular los propios estados afectivos y los ajenos. Por último, el tercer dominio es la utilización de la emoción, que implica emplear los sentimientos para dirigir la atención, facilitar el pensamiento y potenciar la actividad cognitiva.

            De este modo, fue Goleman quien articuló la aplicabilidad universal de la IE, desglosándola en cinco dominios clave: autoconciencia, autorregulación, motivación, empatía y habilidades sociales. La relevancia de esta taxonomía para la presente investigación es inmensa, ya que ofrece un mapa detallado de las áreas a intervenir. No obstante, su aplicación al espectro autista requiere una crítica y una adaptación profundas.  De esta forma, Goleman (1995, 45),

Parte de una base neurotípica en la que la empatía, por ejemplo, es a menudo intuitiva. Para un niño autista, la empatía puede necesitar ser desglosada en un proceso cognitivo explícito: aprender a decodificar las expresiones faciales a través de claves concretas, entender las causas contextuales de las emociones ajenas y memorizar respuestas socialmente apropiadas.

            Igualmente, la autorregulación propuesta por Goleman adquiere una dimensión sensorial crítica en el autismo; no se trata solo de gestionar la ira, sino de regular un sistema nervioso que puede estar siendo bombardeado por estímulos ambientales imperceptibles para otros. En este sentido, el modelo de Goleman es invaluable como punto de partida, pero debe ser filtrado a través de la lente de la neurodiversidad. Su trabajo enfatiza que estas habilidades son moldeables, lo que abre la puerta a intervenciones esperanzadoras. Al adaptar sus cinco pilares mediante apoyos visuales, historias sociales y entornos amigable de los sentidos, se puede construir un puente firme entre las capacidades emocionales del niño y las demandas del aprendizaje ambiental.

            En este orden de ideas, la IE actúa como un mecanismo de traducción entre el mundo interno de los sentimientos y el mundo externo de las relaciones y los desafíos. Por otro lado, para los niños en el espectro autista, cuyos patrones de procesamiento emocional pueden ser atípicos, el desarrollo de la IE no es un lujo, sino una herramienta de primera necesidad para la autorregulación y la navegación social. Del mismo modo, habilidades como identificar la ansiedad incipiente o la frustración permiten implementar estrategias de afrontamiento antes de que la sobrecarga sensorial se torne abrumadora. De esta forma, la IE proporciona el lenguaje y las herramientas operativas para que el ideal de "educar el corazón" se concrete en prácticas educativas tangibles y evaluables.

 

El Espectro Autista: Una Neurodiversidad por Comprender y Acompañar

 

            Comprender el espectro autista es fundamental para cualquier empresa educativa que pretenda ser inclusiva. Lejos de ser una enfermedad o un déficit unitario, el autismo constituye una variación natural en la configuración del cerebro humano, una condición del neurodesarrollo caracterizada por diferencias en la comunicación e interacción social, así como por la presencia de patrones restringidos y repetitivos de comportamiento, intereses o actividades. Desde esta perspectiva, el modelo de la neurodiversidad, promovido por autores como Silberman (2015), “invita a conceptualizar el autismo no como un trastorno a erradicar, sino como una forma distinta de ser y procesar el mundo, con sus propios desafíos y, crucialmente, sus propias fortalezas” (p.60).

            De este modo, es imperativo reconocer que muchas personas en el espectro experimentan desafíos sensoriales significativos, donde la hiper o hiposensibilidad a estímulos como sonidos, luces o texturas puede dominar su experiencia. Asimismo, la comunicación puede ser literal y el procesamiento de la información, secuencial y detallado. De este modo, una educación que ignore estas características intrínsecas está condenada al fracaso. Cabe considerar que, para educar el corazón de un niño autista, primero se debe comprender y respetar su única arquitectura neurológica, creando canales de comunicación y aprendizaje que resuenen con su modo particular de existencia. Por lo que, la obra de Silberman (2015, 78), ofrece una

Eecontextualización histórica y cultural del autismo que es indispensable para el presente marco. Su análisis desmonta el paradigma patologizante que durante décadas ha visto el autismo como una tragedia, y en su lugar propone el modelo de la neurodiversidad, que lo entiende como una forma de diferencia humana con derecho a existir y a ser acomodada.

            Esta perspectiva es revolucionaria para la educación ambiental con IE. En primer lugar, exige un cambio de mirada en el educador: dejar de buscar "normalizar" al niño para, en su lugar, descubrir y potenciar sus fortalezas. Un niño autista con un interés profundamente enfocado en los dinosaurios o en los patrones climáticos puede poseer un conocimiento enciclopédico que, si es canalizado, puede convertirse en la puerta de entrada más poderosa hacia la conciencia ecológica. En segundo lugar, destaca la importancia de construir comunidades y entornos que acepten la diferencia, lo que en el aula se traduce en diseñar espacios amigable de los sentidos   y rutinas predecibles que reduzcan la ansiedad y liberen la capacidad cognitiva para el aprendizaje.

            Al adoptar la lente de la neurodiversidad, el educador deja de luchar contra la neurología del niño y comienza a colaborar con ella. Por lo tanto, no solo proporciona una justificación ética para la inclusión, sino que ofrece un marco práctico: la educación efectiva surge del respeto a la neurología del individuo y de la creación de tribus—aulas, escuelas, comunidades—donde las múltiples formas de ser sean valoradas como esenciales para la riqueza colectiva.

 

Metodología

 

            El presente estudio se sustentó en una metodología de investigación documental de carácter analítico-interpretativa. Desde esta perspectiva, no se limita a una mera compilación de fuentes, sino que pretende descomponer, criticar y reensamblar el conocimiento existente para generar una síntesis teórica original y propositiva. Asimismo, este diseño fue de naturaleza cualitativa, ya que su objetivo no es la cuantificación de variables, sino la comprensión profunda de las relaciones, los significados y los matices presentes en el corpus documental.

            En este orden de ideas, la investigación se concibió como un proceso hermenéutico, donde la investigadora dialogó de manera crítica con los textos, interpretando las perspectivas de diversos autores para construir una visión integrada y novedosa. Cabe considerar que, para garantizar el rigor, este enfoque exigió una sistematicidad extrema en todas sus fases, desde la localización de fuentes hasta el análisis final. De esta forma, la metodología documental se erigió no como un sustituto de la investigación empírica, sino como una etapa fundamental para la consolidación del marco teórico y la identificación de vacíos de conocimiento en un campo de estudio tan complejo e interdisciplinar como el que nos ocupa. Al respecto, Eco (2015, 34), proporciona

Una fundamentación epistemológica invaluable para la investigación documental rigurosa. Enfatiza que la investigación bibliográfica debe seguir un plan de trabajo preciso, evitando la recopilación azarosa de información. Su concepto de la tesis como una máquina de pensar es particularmente relevante, pues subraya que el objetivo último no es resumir lo que otros han dicho, sino utilizar las fuentes como combustible para generar un pensamiento propio y crítico.

            Desde esta perspectiva, la investigadora adoptó una postura activa, interrogando a los textos, cuestionando sus premisas y estableciendo conexiones inéditas entre autores aparentemente distantes. El autor, además, insiste en la necesidad de definir con precisión los criterios de selección de la bibliografía, evitando tanto la exhaustividad imposible como la selección sesgada y convenientemente. Para el presente estudio, esto se traduce en la búsqueda deliberada de fuentes que representen tanto la visión canónica como las perspectivas críticas o emergentes en cada uno de los tres ejes temáticos (pedagogía del corazón, inteligencia emocional y espectro autista). De este modo, la metodología propuesta dota de un marco de rigor intelectual y sistematicidad a lo que, de otra manera, podría degenerar en una mera opinión informada, garantizando que la síntesis final sea el producto de un proceso metódico y reflexivo.

            Del mismo modo, la estrategia de búsqueda se diseñó de forma sistemática y multifase para asegurar la pertinencia y la solidez del corpus documental. Inicialmente, se definieron las palabras clave. Asimismo, la búsqueda se realizó en bases de datos académicas especializadas de alto impacto, tales como Scopus, Web of Science, ERIC, PsycINFO y Dialnet.

            Por otro lado, se establecieron criterios de inclusión y exclusión explícitos para refinar los resultados. Se incluyeron artículos de investigación empírica, revisiones sistemáticas, meta-análisis, libros y capítulos de libro arbitrados, publicados preferentemente en los últimos 15 años, con prioridad para aquellos que abordaran la intersección de al menos dos de los tres ejes centrales del estudio. De esta forma, se excluyeron fuentes no arbitradas, textos divulgativos sin respaldo académico y publicaciones anteriores a 2000, salvo que se tratara de obras fundacionales o de referencia ineludible en el campo. Cabe considerar que este proceso iterativo permitió localizar, en una primera fase, un total de 127 documentos, de los cuales 48 fueron seleccionados para su análisis en profundidad tras una lectura crítica de sus resúmenes y metodologías.

            De tal manera que, Flick (2018, 44), argumenta que “la selección de casos (o, en este contexto, de documentos) debe estar guiada por su relevancia teórica para la construcción del objeto de estudio, no por una representatividad estadística”. Este principio justifica la decisión de incluir obras fundacionales como las de Goleman junto con investigaciones recientes y más específicas; cada una aporta una pieza distintiva al cuerpo teórico que se está armando. Además, el concepto de saturación, el punto en el que nuevas fuentes dejan de proporcionar información o perspectivas novedosas; fue utilizado como un criterio tácito para dar por finalizada la fase de recolección documental. Cuando el análisis sucesivo de artículos comenzó a revelar recurrentemente los mismos conceptos, argumentos y hallazgos sin añadir matices significativos, se consideró que el corpus había alcanzado una densidad teórica suficiente. De este modo, la aplicación adaptada de los principios del autor asegura que la selección documental no sea ni arbitraria ni infinitamente extensa, sino que esté estratégicamente orientada a construir una argumentación sólida y comprehensiva.

            Por su parte, para el análisis e interpretación de los documentos seleccionados, se diseñó y aplicó una ficha de análisis documental analítico como instrumento principal. Esta ficha, estructurada pero flexible, permitió extraer y sistematizar la información de manera coherente y comparable. Sus categorías de análisis incluyeron: (1) Referencia bibliográfica completa; (2) Objetivos principales del documento; (3) Marco teórico-conceptual que sustenta la obra; (4) Metodología empleada (en el caso de investigaciones empíricas); (5) Hallazgos o tesis centrales; (6) Conclusiones y limitaciones reconocidas; (7) Potencial contribución al marco conceptual de la presente investigación. Igualmente, se añadió una sección de (8) Análisis crítico y conexiones intertextuales, donde se registraron las reflexiones del investigador sobre las fortalezas, debilidades y puntos de encuentro o fricción con otros textos del corpus.

            Por lo que Bardin (1996, 33) define el análisis de contenido como un "conjunto de técnicas de análisis de las comunicaciones tendentes a obtener indicadores (cuantitativos o no) por procedimientos sistemáticos y objetivos de descripción del contenido de los mensajes". Para este estudio, se adoptó fundamentalmente el enfoque cualitativo y temático dentro de su esquema. El proceso se dividió en tres fases operativas, tal como lo sugiere el autor: la pre-análisis (organización del material y formulación de hipótesis y objetivos), la exploración del material (codificación y categorización mediante las fichas de análisis) y el tratamiento e interpretación de los resultados (inferencia y reflexión crítica).

            Además, la creación de las categorías de la ficha de análisis es una operación fundamental que el autor denomina elección de las categorías de clasificación, las cuales deben ser exhaustivas, mutuamente excluyentes y relevantes para el objeto de estudio. La aplicación de este marco metodológico garantiza que la interpretación no sea impresionista o arbitraria, sino que emerja de un examen minucioso y estructurado de los datos textuales. Así, dota de un armazón de rigor analítico al proceso de interpretación, permitiendo pasar de la lectura subjetiva a la construcción de un argumento objetivo y basado en la evidencia documental.

             De esta forma, cada documento fue no solo resumido, sino también interrogado y puesto en diálogo con el resto de la bibliografía. El procedimiento consistió en la lectura exhaustiva de cada fuente, seguida del llenado meticuloso de la ficha correspondiente. Posteriormente, se realizó un análisis de contenido temático de todas las fichas, identificando núcleos de sentido comunes, tensiones teóricas y vacíos conceptuales, lo que permitió la organización del discurso en los ejes temáticos que estructuran este artículo.

            Por lo tanto, a lo largo de todo el proceso investigativo, se observaron estrictos principios éticos propios de la investigación documental. En primer lugar, se garantizó la integridad académica mediante la citación escrupulosa y precisa de todas las fuentes utilizadas, evitando cualquier forma de plagio, ya sea literal o de ideas. Asimismo, en el análisis crítico de los documentos, se procuró mantener un equilibrio entre el respeto a los autores originales y la necesaria valoración objetiva de sus contribuciones y limitaciones, evitando tanto la adulación gratuita como la crítica destructiva. Del mismo modo, se buscó representar de manera fidedigna las posturas de los autores citados, sin descontextualizar sus afirmaciones o forzarlas para que se ajustaran a las hipótesis de este trabajo. De esta forma, el rigor de la investigación se sustenta en la transparencia del método, la exhaustividad en la búsqueda, la sistematicidad en el análisis y la honestidad intelectual en la interpretación y la argumentación.

 

Resultados

            El análisis documental realizado revela un complejo entramado de convergencias, tensiones y complementariedades entre los autores fundamentales que sustentan esta investigación. Desde esta perspectiva, el diálogo entre las propuestas de Noddings, Goleman, Salovey y Mayer, Baron-Cohen y Silberman no solo enriquece la comprensión del tema, sino que delinea un marco conceptual híbrido y necesario para la educación ambiental inclusiva. Asimismo, la comparación crítica entre estos autores permite identificar tanto los puntos de contacto ideales como las adaptaciones imprescindibles que deben realizarse para sintonizar con las particularidades del espectro autista.

            En primer lugar, se observa una alineación filosófica profunda entre la ética del cuidado de Noddings y el paradigma de la neurodiversidad defendido por Silberman. Ambos autores, desde tradiciones disciplinares distintas, abogan por un cambio de mirada radical que ponga el acento en la receptividad, la aceptación y la valoración de la diferencia. Mientras Noddings insta a una relación educativa basada en el "compromiso genuino" y la respuesta a la necesidad del otro, Silberman historical y politiza esta idea, argumentando que la sociedad debe construir "neurotribus" que acomoden y celebren las mentes autistas.

            En este orden de ideas, la propuesta de "educar el corazón" encuentra en Silberman su justificación sociocultural más amplia; no se puede cultivar la empatía hacia la naturaleza en un niño si el entorno educativo no es, en sí mismo, empático y respetuoso con su forma de ser neurológica. Cabe considerar que esta conjunción sienta la base ética y actitudinal sobre la cual deben implementarse cualquier estrategia más técnica.

            Por otro lado, la inteligencia emocional, tal como fue definida científicamente por Salovey y Mayer, proporciona el puente operativo entre la filosofía de Noddings y la neurología del autismo. Sin embargo, es aquí donde surgen las primeras tensiones productivas. El modelo de habilidades de Salovey y Mayer, de naturaleza cognitiva, choca frontalmente con la noción de Baron-Cohen de una mente que puede ser sistematizadora antes que empatizadora. De esta forma, la IE no puede ser importada de manera directa; más bien, debe ser traducida. La autoconciencia emocional de Goleman, por ejemplo, que puede ser intuitiva para un neurotípico, debe para un niño autista desglosarse en un sistema de identificación de sensaciones corporales internas mediante escalas visuales y checklists, transformando una habilidad implícita en una competencia explícita y estructurada.

            La comparación entre Goleman y Baron-Cohen resulta particularmente elucidante. Por lo que, Goleman, con su modelo de cinco dominios, ofrece un mapa detallado y aplicable del territorio de la IE. No obstante, su enfoque, de amplia difusión, parte de una base tácitamente neurotípica. Baron-Cohen, en cambio, proporciona la clave neurocognitiva para reinterpretar ese mapa. Su teoría E-S explica por qué un niño en el espectro puede tener dificultades con la empatía cognitiva (inferir lo que otro piensa o siente) mientras puede desarrollar una fuerte empatía afectiva (preocuparse por el sufrimiento ajeno) una vez que es consciente del mismo.

            Esta distinción es crucial. Implica que las estrategias deben evitar centrarse únicamente en el entrenamiento para descifrar emociones complejas a partir de pistas sociales ambiguas, un área de gran dificultad. En su lugar, deben potenciar la ruta de la sistematización: crear sistemas claros y predecibles de regulación emocional y, a la vez, apelar a la compasión y al sentido de justicia, que pueden estar muy desarrollados. Del mismo modo, la hipótesis de la biofilia de Wilson, analizada a la luz de Silberman, sugiere que el vínculo con la naturaleza en el autismo puede manifestarse no como una emoción difusa de "amor a la naturaleza", sino como un profundo interés por los patrones, las clasificaciones, los ciclos y los sistemas ecológicos, es decir, como una forma de sistematización aplicada al mundo natural.

            La síntesis de estos análisis conduce a un modelo propio e integrado. La educación ambiental para niños en el espectro autista, desde esta perspectiva, debe ser ante todo una práctica basada en la ética del cuidado (Noddings) y el respeto a la neurodiversidad (Silberman). Sobre esta base, se debe construir un andamiaje de inteligencia emocional (Goleman, Salovey y Mayer) que haya sido minuciosamente adaptado a los patrones de procesamiento cognitivo-emocional propios del espectro (Baron-Cohen). De esta forma, el acto educativo deja de ser una transmisión unidireccional de contenidos ecológicos para transformarse en un proceso de co-construcción. El educador, armado con estas herramientas teóricas, puede entonces “educar el corazón” ayudando al niño a encontrar, dentro de su propio sistema de intereses y capacidades, las razones profundas y emocionalmente significativas para cuidar y proteger su entorno, cerrando así el círculo entre la emoción, la cognición y la acción ambientalmente responsable.

 

Conclusiones

 

            El presente análisis documental permite concluir que la integración de estrategias de inteligencia emocional en la educación ambiental para niños en el espectro autista no constituye una mera suma de elementos, sino la construcción de un paradigma educativo nuevo, profundamente humano y neurodiverso. Esta investigación demuestra que la efectividad de cualquier intervención pedagógica en este ámbito depende críticamente de la capacidad para tejer un marco coherente que una la base ética de la pedagogía del cuidado, el andamiaje científico de la inteligencia emocional y la comprensión profunda de la neurodiversidad. Asimismo, se evidencia que abordar este desafío exige superar visiones reduccionistas que patologizan las diferencias neurológicas, para en su lugar, diseñar entornos de aprendizaje que reconozcan y potencien las fortalezas inherentes a cada mente.

            En primer lugar, se corrobora que el concepto "Educando el Corazón", fundamentado en la ética del cuidado de Noddings, trasciende lo retórico para convertirse en un principio rector indispensable. Este enfoque postula que la relación educativa, caracterizada por la receptividad y el compromiso genuino, es el sustrato previo y necesario para cualquier aprendizaje significativo. En el mismo sentido, el paradigma de la neurodiversidad, articulado por Silberman, proporciona la justificación sociocultural para esta mirada, desmontando el modelo médico-deficitario y abogando por la creación de "neurotribus" educativas inclusivas.

            A su vez, la conjunción de ambas perspectivas sienta las bases para un ambiente emocionalmente seguro y predictivo, requisito fundamental para que un niño en el espectro autista, quien puede experimentar el mundo como caótico y sobrecargante, pueda bajar sus defensas y abrirse al aprendizaje. En segundo término, se concluye que la inteligencia emocional, definida operativamente por Salovey y Mayer y popularizada por Goleman, proporciona las herramientas concretas para materializar esta filosofía en prácticas educativas específicas. No obstante, el análisis revela de manera contundente que su aplicación requiere una crítica y adaptación sustanciales a la luz de la teoría de la sistematización-empatía de Baron-Cohen. Las estrategias de IE no pueden importarse de manera universal; deben ser traducidas a sistemas claros, explícitos y estructurados que resuenen con el estilo cognitivo autista.

            De este modo, la autorregulación emocional puede enseñarse mediante secuencias visuales de pasos, y la conciencia ecológica puede cultivarse a través del canal del interés profundizado y la sistematización, conectando, por ejemplo, la clasificación de especies con su conservación.  Finalmente, se establece que la verdadera educación ambiental inclusiva emerge de la síntesis dialéctica de estos elementos. No se trata de enseñar sobre la naturaleza a un niño autista, sino de facilitar que el niño construya su propio vínculo significativo y emocional con el entorno, utilizando sus propias herramientas cognitivas y emocionales. El educador, por tanto, deja de ser un transmisor de conocimientos para convertirse en un diseñador de experiencias y un facilitador de conexiones. Este estudio, al integrar de manera crítica y creativa estas perspectivas teóricas, contribuye a sentar las bases para un modelo educativo más justo, efectivo y transformador, que reconoce que, para aprender a cuidar el planeta, primero debemos saber cuidar y comprender el corazón neurodivergente de quien lo habita.

 

 

Referencia Bibliográfica

Bardin, Laurence. 1996. El análisis de contenido. Madrid: Akal.

Baron-Cohen, Simon. 2009. “Autism: The Empathizing–Systemizing (E-S) Theory”. Annals of the New York Academy of Sciences 1156 (1): 68-80. https://doi.org/10.1111/j.1749-6632.2009.04467.x.

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