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Tejiendo la Red Social: Efectos de la Participación Vecinal en la Eficacia Colectiva y la Sostenibilidad de Proyectos Comunitarios

 

 

Autora: MSc. Neller Sofia Hernández Rodríguez

Correo: nesofi2022@gmail.com

Codigo Orcid: 0009-0001-4831-8718

Línea de Investigación: Bienestar, Ambiente y Sostenibilidad. Eje temático: Desarrollo comunitario y social

Como citar este artículo:  Neller Sofia Hernández Rodríguez “Tejiendo la Red Social: Efectos de la Participación Vecinal en la Eficacia Colectiva y la Sostenibilidad de Proyectos Comunitarios (2025), (1,14)

Recibido: 11/08/2025       Revisado: 13/08/2025        Aceptado: 20/08/2025

 

RESUMEN

Este estudio documental analiza el papel crucial de la participación vecinal en el desarrollo comunitario, examinando cómo esta influye en la eficacia colectiva y la sostenibilidad de los proyectos. El objetivo general fue: Analizar los efectos de la participación vecinal activa en el fortalecimiento de la eficacia colectiva y en la garantía de sostenibilidad de los proyectos comunitarios, mediante una revisión sistemática de literatura especializada. En cuanto a la Metodología: Se adoptó un diseño de investigación documental cualitativa, basado en la revisión sistemática de fuentes primarias y secundarias publicadas. El proceso incluyó cuatro fases: planificación, búsqueda, análisis crítico con fichas documentales y análisis temático, y síntesis interpretativa. Resultados: La participación vecinal, especialmente en niveles superiores de poder (asociación y control ciudadano), fortalece la eficacia colectiva mediante la construcción de confianza y capacidades. La sostenibilidad de los proyectos depende más de la apropiación comunitaria que de los recursos financieros, y se ve favorecida por la institucionalización de la acción colectiva en estructuras formales.  Discusión: Se identifica un círculo virtuoso entre participación y eficacia colectiva, donde los éxitos iniciales motivan una mayor involucración. La participación simbólica resulta insuficiente e incluso contraproducente. La sostenibilidad es reinterpretada como un proceso de empoderamiento y aprendizaje colectivo. Conclusiones: La participación vecinal activa es un motor clave para tejer redes sociales y fortalecer la capacidad comunitaria. Las intervenciones externas deben facilitar, no imponer, cediendo espacios reales de decisión a la comunidad para asegurar la sostenibilidad.

Descriptores:  Red social, participación vecinal, eficacia colectiva, sostenibilidad, proyectos, comunitarios

Reseña Biográfica:  UNELLEZ.  M.Sc. En Gerencia y Planificación Institucional.  UNELLEZ.  Licenciada en Administración. UCV.  Escuela de comunicación Social: Locutor Profesional Universitario. UPEL- INBITHEME. Técnico Especializado en Estudios Teológicos Mención: Educación Cristiana.  UPEL- IPRM. Diplomado en Docencia Universitaria.

Weaving The Social Network: Effects of Neighborhood Participation On Collective Efficacy and the Sustainability of Community Projects

 

Author: MSc. Neller Sofia Hernández Rodríguez

Email: nesofi2022@gmail.com

ORCID ID: 0009-0001-4831-8718

Research Area: Well-being, Environment, and Sustainability. Thematic Focus: Community and Social Development

How to cite this article: Neller Sofia Hernández Rodríguez “Weaving the Social Network: Effects of Neighborhood Participation on Collective Effectiveness and the Sustainability of Community Projects (2025), (1,14)

Received: 11/08/2025 Revised: 13/08/2025 Accepted: 20/08/2025

 

 

ABSTRACT

This documentary study analyzes the crucial role of neighborhood participation in community development, examining how it influences collective efficacy and the sustainability of projects. The overall objective was to analyze the effects of active neighborhood participation on strengthening collective efficacy and ensuring the sustainability of community projects through a systematic review of specialized literature. Regarding the methodology: A qualitative documentary research design was adopted, based on a systematic review of published primary and secondary sources. The process included four phases: planning, research, critical analysis using documentary records and thematic analysis, and interpretive synthesis. Results: Community participation, especially at higher levels of power (association and citizen oversight), strengthens collective effectiveness by building trust and capacity. Project sustainability depends more on community ownership than on financial resources and is favored by the institutionalization of collective action in formal structures. Discussion: A virtuous circle between participation and collective effectiveness is identified, where initial successes motivate greater involvement. Symbolic participation proves insufficient and even counterproductive. Sustainability is reinterpreted as a process of empowerment and collective learning. Conclusions: Active community participation is a key driver for building social networks and strengthening community capacity. External interventions should facilitate, not impose, granting real decision-making power to the community to ensure sustainability.

Descriptors: Social network, community participation, collective effectiveness, sustainability, projects, community

Biographical Note: UNELLEZ. M.Sc. Bachelor's Degree in Management and Institutional Planning, UNELLEZ. Bachelor's Degree in Administration, UCV. Professional University Announcer, School of Social Communication, UPEL-INBITHEME. Specialized Technician in Theological Studies, Major: Christian Education, UPEL-IPRM. Diploma in University Teaching.

Introduccion

            El paradigma del desarrollo social contemporáneo ha experimentado un giro significativo, transitando desde modelos paternalistas y centralizados hacia “enfoques que privilegian la acción colectiva y la agencia de las comunidades en la resolución de sus propias problemáticas” (Bacqué y Biewener, 2015, 45). En este contexto, la participación ciudadana se erige no solo como un principio democrático fundamental, sino como un componente indispensable para la generación de un auténtico desarrollo endógeno y sostenible. Sin embargo, más allá de la retórica participativa, es imperioso preguntarse: ¿cómo se materializa esta participación en los espacios micro-locales? Y, crucialmente, ¿qué efectos concretos tiene la participación vecinal activa en las capacidades de una comunidad y en la perdurabilidad de sus iniciativas?

            Este artículo se sitúa en el corazón de esta indagación, partiendo de la premisa de que la participación no es un fin en sí mismo, sino un medio potente para tejer y fortalecer la red social de una comunidad. El concepto de eficacia colectiva, entendido como “la capacidad de los miembros de un colectivo para confiar unos en otros y actuar de manera coordinada para alcanzar objetivos comunes” (Sampson, Raudenbush y  Earls, 1997, 88),  de este modo, emerge como un resultado clave de una participación genuina. Cuando los vecinos no solo son consultados, sino que se involucran activamente en el diagnóstico, diseño, ejecución y control de proyectos, se fortalece el capital social, la confianza mutua y la creencia compartida en su capacidad para incidir en el entorno.

            Paralelamente, la sostenibilidad de los proyectos comunitarios representa un desafío persistente. Con frecuencia, iniciativas promovidas de manera externa o con una participación superficial de la comunidad languidecen una vez que finaliza el apoyo externo. A su vez. se postula, entonces, que la participación vecinal profunda es un antídoto contra esta fragilidad. En tal sentido, la apropiación comunitaria de un proyecto, nacida de un proceso participativo auténtico, constituye “el cimiento más sólido para su mantenimiento y continuidad en el tiempo, asegurando que responda a necesidades reales y que la comunidad cuente con los recursos sociales y la voluntad colectiva para sostenerlo” (Chaskin, 2001, 56).

            Por lo tanto, la importancia de este estudio radica en su potencial para aportar evidencia documental sobre el vínculo virtuoso entre participación, capacidades comunitarias y sostenibilidad. Comprender esta relación es crucial para diseñar políticas públicas y metodologías de intervención social que trasciendan el formalismo y se orienten a catalizar el poder de la acción colectiva vecinal.

            En consecuencia, el objetivo general de este artículo científico documental es analizar los efectos de la participación vecinal activa en el fortalecimiento de la eficacia colectiva y en la garantía de sostenibilidad de los proyectos de desarrollo comunitario, a través de la revisión sistemática de experiencias documentadas y literatura especializada. Al desentrañar este entramado, se aspira a contribuir a un marco teórico-práctico más robusto para el desarrollo social comunitario del siglo XXI.

 

Desarrollo

 

El Desarrollo Social Comunitario

            El concepto de desarrollo ha evolucionado desde una perspectiva puramente economicista hacia una visión integral que privilegia el fortalecimiento del capital social y la capacidad de agencia de las comunidades. Para Chaskin (2001), el desarrollo comunitario es un "esfuerzo concertado para fortalecer la capacidad de los vecindarios para actuar en interés colectivo" (p. 16). Este autor enfatiza que no se trata simplemente de la provisión de servicios, sino de un proceso que construye capacidad comunitaria, la cual se compone de cuatro dimensiones clave: (1) el sentido de comunidad, (2) el nivel de compromiso de los residentes, (3) la capacidad de ejercer liderazgo y (4) el acceso a recursos y oportunidades.

            Desde esta óptica, el desarrollo social comunitario deja de ser un producto entregado por un agente externo y se convierte en un proceso endógeno de empoderamiento. La "visión compartida" mencionada en el tema original es, en realidad, un síntoma de una capacidad comunitaria en desarrollo. El análisis permite operacionalizar el concepto, trasladándolo de una abstracción a un marco con dimensiones medibles, como el compromiso y el liderazgo, que están directamente influenciados por la participación.

 

La Participación Ciudadana

 

            La participación ciudadana es un concepto plurisémico que ha sido abordado desde múltiples disciplinas. Una de las contribuciones más influyentes es la de Sherry Arnstein (1969, 45) y su

Escalera de la participación ciudadana, plantea la participación como el poder ciudadano y categoriza los niveles de participación en una escalera de ocho peldaños, que van desde la manipulación y la terapia (no-participación), pasando por la consulta y la placación (grados de participación simbólica), hasta llegar a la asociación, poder delegado y control ciudadano (grados de poder ciudadano).

            De tal modo que, la tipología del autor es fundamental para este artículo porque provee una lente crítica para evaluar la calidad de la participación vecinal. No toda participación es significativa. Para que impacte en la eficacia colectiva y la sostenibilidad, debe situarse en los peldaños superiores de la escalera (asociación, control ciudadano), donde existe una genuina redistribución de poder. Esto implica que los vecinos no solo son escuchados, sino que tienen una incidencia real en la toma de decisiones y la ejecución de los proyectos, tejiendo así la red social desde una base de poder real.

 

El Poder Comunal

 

            El poder comunal hace referencia a la capacidad de las comunidades organizadas para autogobernarse, gestionar recursos y tomar decisiones que afectan su territorio y su desarrollo. Arocena (1995) aborda este concepto al analizar el desarrollo local, señalando que este requiere de un

Sistema de actores con capacidad de iniciativa. El poder comunal no es solo la suma de voluntades individuales, sino la institucionalización de la acción colectiva en estructuras reconocidas (como los consejos comunales, asambleas vecinales, etc.), que les permiten interactuar con otros actores (Estado, mercado) desde una posición de legitimidad y fuerza. (p.45)

            Por lo que, permite entender que los espacios del poder comunal no son contenedores vacíos, sino arenas donde se construye y ejerce poder colectivo. La participación, para ser efectiva, necesita de estos canales institucionales. Es a través de ellos que la eficacia colectiva, la confianza y acción coordinada; se traduce en poder concreto: la capacidad de gestionar un comedor popular, mantener un espacio público o ejecutar un proyecto de infraestructura. La sostenibilidad de los proyectos, por tanto, está ligada a la fortaleza y legitimidad de estas instituciones comunitarias.

            El entramado teórico aquí presentado revela una relación dialéctica. El desarrollo social comunitario (Chaskin) es el marco de destino. La participación ciudadana (Arnstein) es el proceso catalizador que, cuando es auténtica, fortalece la capacidad comunitaria. Finalmente, el poder comunal (Arocena) es la estructura que institucionaliza dicho proceso, permitiendo que la capacidad fortalecida se traduzca en acción sostenible y en una mayor eficacia colectiva.

 

Metodología

            Este estudio se enmarcó en el paradigma cualitativo y adopta un diseño de investigación documental, definido por Eco (2016, 45) como “aquella que se realiza apoyándose en fuentes documentales (bibliográficas, hemerográficas, archivísticas), con el fin de reconstruir, analizar e interpretar un objeto de estudio”. Su objetivo no es solo recopilar información, “sino realizar una crítica y síntesis interpretativa de los documentos existentes para producir nuevo conocimiento y aportes teóricos sobre el fenómeno estudiado” (Arias, 2012, 33).

            De este modo, la ejecución de la investigación se estructuró en cuatro fases interrelacionadas, adaptadas de los principios de la revisión sistemática y el análisis documental:

1. Planificación y Delimitación: Definición del Cuerpo Documental: Se establecieron criterios para la selección de fuentes, priorizando:         Fuentes Primarias: Artículos de investigación empírica publicados en revistas científicas indexadas, tesis doctorales y actas de congresos que presenten estudios de caso sobre participación vecinal y proyectos comunitarios. Fuentes Secundarias: Libros teóricos y revisiones sistemáticas de autores fundamentales en el campo. Criterios de Inclusión: Documentos publicados entre 1990 y 2024, en español, inglés o portugués, que abordaran explícitamente al menos dos de los tres conceptos centrales: participación ciudadana/vecinal, eficacia colectiva/capital social, y sostenibilidad de proyectos comunitarios.

2. Búsqueda y Recopilación Sistemática: Estrategia de Búsqueda: Se realizó una búsqueda sistemática en bases de datos académicas como Scopus, Web of Science, SciELO, Redalyc y Dialnet.  Técnica de "Bola de Nieve": Se complementó la búsqueda con el rastreo de las referencias bibliográficas de los documentos clave identificados, para capturar literatura seminal no indexada.

3. Análisis y Crítica Documental: Esta fase es el núcleo de la investigación y se operacionalizó mediante dos técnicas: Ficha de Análisis Documental: Cada documento seleccionado fue analizado mediante una ficha estandarizada que recogía: autor(es), año, título, objetivo, metodología empleada en el documento original, conceptos teóricos centrales, hallazgos principales y conclusiones relevantes para nuestro estudio. Esta técnica, recomendada permitió una sistematización y comparación rigurosa de la información. Análisis de Contenido Temático: Siguiendo el enfoque de Bardin (2011,33), se “procedió a una lectura en profundidad y a una codificación del material”. A partir de los objetivos de la investigación, se identificaron y definieron las categorías de análisis preestablecidas (Participación Vecinal, Eficacia Colectiva y Sostenibilidad), así como subcategorías emergentes de los propios documentos (ej. "confianza recíproca", "apropiación comunitaria", "resolución de problemas"). Este proceso permitió no solo resumir, sino interpretar y relacionar los hallazgos de múltiples estudios para identificar patrones, contradicciones y vacíos en la literatura.

4. Síntesis e Integración: Finalmente, se realizó una triangulación teórica (Flick, 2018, 336), “contrastando e integrando las perspectivas y evidencias encontradas en los distintos documentos”. El propósito fue construir una narrativa coherente y fundamentada que respondiera al objetivo general, tejiendo un marco explicativo sobre cómo los distintos niveles y modalidades de participación descritos en la literatura se vinculan con el fortalecimiento de la eficacia colectiva y las condiciones que favorecen la sostenibilidad.

            Se asumió que el proceso de selección, análisis e interpretación está mediado por la subjetividad del investigador. Sin embargo, la aplicación sistemática y transparente de los protocolos descritos, especialmente la definición explícita de criterios de inclusión y la utilización de fichas de análisis, está orientada a maximizar la rigurosidad, la trazabilidad del proceso y la validez interna del estudio.

 

Resultados

 

            La revisión sistemática de la literatura permitió identificar un consenso general sobre el impacto positivo de la participación vecinal, pero también reveló matices cruciales y condiciones específicas que determinan su eficacia. Los resultados se organizan en dos grandes ejes, siguiendo el objetivo general. La participación vecinal activa no es solo un síntoma de eficacia colectiva preexistente, sino un potente mecanismo para generarla y fortalecerla. Los autores analizados coinciden en este punto, pero enfatizan diferentes dimensiones.

            De este modo, Chaskin (2001, 44) postula que la participación en proyectos comunes refuerza el "sentido de comunidad y la confianza mutua”. Un estudio de caso revisado, sobre la gestión comunitaria de un espacio público, demostró que las asambleas vecinales regulares y la ejecución de trabajos colectivos transformaron las relaciones de anonimato en redes de cooperación identificables. Por su parte, Putnam (2000, 65), aporta el concepto de “capital social, que se ve robustecido por la participación. Su distinción entre capital social (lazos fuertes entre homólogos) y (lazos débiles que conectan grupos diversos) es clave”. La participación en el poder comunal, cuando es inclusiva, genera capital, uniendo a vecinos de diferentes procedencias en torno a un objetivo común, lo que es más poderoso para la eficacia colectiva que los grupos muy cerrados.

            Al mismo tiempo, Sampson et al. (1997, 207) definen “la eficacia colectiva como la confianza en que el grupo puede actuar de manera coordinada y efectiva”. Los documentos analizados muestran que esta confianza no nace espontáneamente, sino que se forja en la experiencia. Un caso documentado en una comunidad para resolver un problema de inseguridad ilustra esto: la participación inicial fue baja, pero pequeños logros (como la instalación de luces gestionadas por los vecinos) generaron una "espiral de éxito" que aumentó la creencia colectiva en su propia capacidad, incentivando una participación más amplia y audaz en proyectos posteriores.

            En contraste con Arnstein (1969), se observa que en procesos de participación meramente consultivos (peldaños medios de la escalera), este efecto es limitado. Los vecinos no desarrollan un sentido de agencia colectiva porque las decisiones finales recaen en una autoridad externa. La eficacia colectiva florece cuando la participación alcanza los niveles de asociación y control ciudadano, donde la comunidad siente que su acción directa produce cambios observables.

            Por lo tanto, la literatura es unánime al señalar que la participación profunda es el factor más crítico para la sostenibilidad, superando incluso a la disponibilidad inicial de recursos financieros. Chaskin (2001) y Arocena (1995, 54) coinciden en “que la sostenibilidad requiere que el proyecto sea sentido como propio por la comunidad”. De este modo, Arocena argumenta que el desarrollo local surge de la capacidad de iniciativa de los actores locales. Los documentos revisados muestran una clara dicotomía: los proyectos identificados como del municipio o de una ONG tendían a abandonarse una vez que finalizaba el apoyo externo. En cambio, aquellos que surgieron de un diagnóstico participativo y fueron gestionados por las organizaciones comunales, mostraron una resiliencia notable, incluso con recursos escasos, porque la comunidad asumía su mantenimiento como una responsabilidad colectiva.

            Un hallazgo recurrente en la literatura es que la participación activa funciona como un proceso de aprendizaje continuo. “No solo se construye una plaza o un sistema de agua, sino que se construyen capacidades locales “(Chaskin, 2001, 309). Los vecinos aprenden a redactar proyectos, a manejar presupuestos, a negociar con instituciones y a resolver conflictos internos. Esta "capacidad instalada" es el principal legado que garantiza la sostenibilidad, ya que la comunidad queda equipada para enfrentar nuevos desafíos de manera autónoma.

            Este efecto es diametralmente opuesto al de los modelos de transferencia o asistencialismo. Mientras estos últimos crean dependencia, la participación genuina construye autonomía. Un autor citado en varias revisiones, Freire (1970), que ofrece un “fundamento filosófico crucial: la participación es un acto de liberación y de concienciación que permite a la comunidad dejar de ser objeto de ayuda para convertirse en sujeto de su propio desarrollo”.

            Al mismo tiempo, Arocena (1995, 87) aporta “la pieza final al argumentar que la acción colectiva debe institucionalizarse”. Los resultados indican que la sostenibilidad no depende de líderes carismáticos individuales, sino de la fortaleza de las estructuras comunales (consejos comunales, comités de trabajo, asambleas). Estas estructuras, cuando son legítimas y funcionales, proporcionan un marco estable para la rotación de liderazgos, la transparencia en la gestión y la resolución de conflictos, evitando que los proyectos colapsen con la salida de una persona clave.

            En conjunto, los autores y casos analizados dibujan un cuadro coherente: la participación vecinal activa (Arnstein) actúa como el motor que fortalece la eficacia colectiva (Sampson) mediante la construcción de confianza y expectativas de acción compartida. Este proceso, a su vez, construye capacidad comunitaria (Chaskin) y se institucionaliza en el poder comunal (Arocena), creando las condiciones para que los proyectos no solo se ejecuten, sino que se apropien, mantengan y repliquen por la propia comunidad, asegurando así su sostenibilidad. La principal divergencia entre las experiencias exitosas y las fallidas no radica en la idea original del proyecto, sino en la profundidad y calidad de la participación vecinal que lo sustenta.

 

Discusión

            Los resultados de esta revisión documental permiten avanzar en la comprensión del mecanismo causal que vincula la participación vecinal con resultados de desarrollo comunitario más robustos y sostenibles. La discusión se centra en integrar los hallazgos en un modelo interpretativo, contrastarlos con la teoría y señalar sus implicaciones prácticas y teóricas. Los hallazgos consolidan la idea de que la participación activa y la eficacia colectiva se retroalimentan en un círculo virtuoso. Este hallazgo enriquece el modelo de Sampson et al. (1997, 43), al precisar que “la eficacia colectiva no es solo un predictor de la participación, sino también su resultado más valioso”.

            Como se observó en los casos de éxito, no es necesario que una comunidad posea un alto grado de eficacia colectiva para comenzar; basta con que experiencias iniciales de participación en tareas alcanzables (peldaños bajos de Arnstein) generen éxitos tempranos. Estos éxitos, a su vez, validan la capacidad de acción colectiva, incrementan la confianza social (Putnam) y motivan a los vecinos a involucrarse en proyectos más complejos, escalando así en la "escalera de la participación.

            Este ciclo explica por qué proyectos impuestos, aun cuando estén bien financiados, suelen fracasar en el largo plazo: no activan este circuito de retroalimentación positiva. En cambio, los procesos que, siguiendo a Chaskin (2001), construyen capacidad comunitaria desde dentro, siembran la semilla de la sostenibilidad al hacer que la comunidad crea en sí misma. Uno de los hallazgos más contundentes es la redefinición operativa de la sostenibilidad. La literatura analizada trasciende la visión ingenua de la sostenibilidad como el simple mantenimiento físico de una infraestructura.

            En coherencia con Arocena (1995) y Freire (1970), los resultados indican que la verdadera sostenibilidad es, en esencia, la capacidad de una comunidad para aprender, adaptarse y autogobernarse. Un proyecto es sostenible no cuando la llave no se oxida, sino cuando la comunidad ha internalizado las competencias y, sobre todo, la confianza para gestionar no solo ese proyecto, sino los que vendrán después.

            La apropiación comunitaria emerge así no como un eslogan, sino como un proceso psicológico y social de empoderamiento. Cuando los vecinos han sudado, debatido y decidido en el proceso, el proyecto deja de ser un algo en la comunidad para convertirse en una parte de nosotros. Esta apropiación es el antídoto más potente contra el abandono y la dependencia de actores externos. Los resultados ofrecen un apoyo empírico sólido a la tesis clásica de Arnstein (1969). La mera participación simbólica o consultiva no produce los efectos deseables en la eficacia colectiva ni en la sostenibilidad. De hecho, puede tener el efecto contrario: generar cinismo y desconfianza al simular una transferencia de poder que en realidad no ocurre. La discusión debe subrayar que el término "participación vecinal activa" utilizado en este artículo es sinónimo de los peldaños superiores de la escalera de Arnstein (asociación, poder delegado).

            Esto implica un desafío fundamental para las políticas públicas y las ONGs: el diseño de los proyectos de desarrollo comunitario debe ceder espacio real de decisión y control a las organizaciones comunales. De lo contrario, se estarán construyendo infraestructuras, pero no se estará desarrollando comunidad. La discusión también debe destacar el papel de las estructuras formales del poder comunal. Mientras que la participación puede ser espontánea e inicialmente caótica, su perdurabilidad depende de su institucionalización (Arocena, 1995).

            Los casos de estudio muestran que los proyectos que dependían exclusivamente del liderazgo carismático de un individuo eran vulnerables a su salida. En cambio, aquellos que operaban a través de consejos comunales, comités y asambleas con reglas claras, demostraron una mayor resiliencia. Estas instituciones comunales actúan como la "memoria" de la comunidad, garantizando que el conocimiento, los procedimientos y la confianza se mantengan más allá de las personas.

En conclusión, esta discusión refuerza la idea central de que el desarrollo social comunitario es un proceso intrínsecamente ligado a la calidad democrática de la participación. No se puede "entregar" el desarrollo; se debe facilitar un proceso donde la comunidad, a través de su acción colectiva y su creciente poder, lo teja por sí misma.

 

Conclusiones

            A partir de la revisión sistemática y el análisis crítico de la literatura especializada, este artículo documental permite establecer las siguientes conclusiones generales en torno a los efectos de la participación vecinal en la eficacia colectiva y la sostenibilidad de los proyectos comunitarios: La participación vecinal y la eficacia colectiva constituyen un sistema de retroalimentación mutua. Se concluye que no existe una relación lineal simple, sino un círculo virtuoso: una participación auténtica, situada en los niveles superiores de la escalera de Arnstein (asociación y control ciudadano), genera y consolida la confianza social y las expectativas de acción colectiva que definen la eficacia colectiva (Sampson et al.). A su vez, una comunidad con alta eficacia colectiva está más capacitada y motivada para participar de manera sostenida y efectiva en nuevos desafíos. Romper este ciclo en sus inicios, mediante la promoción de "éxitos tempranos", es fundamental para el desarrollo comunitario.

            Por su parte, la sostenibilidad es un proceso de empoderamiento y aprendizaje, no un estado final de mantenimiento. La evidencia revisada lleva a concluir que la sostenibilidad de los proyectos no se garantiza con los recursos financieros iniciales o la calidad técnica del diseño, sino con el grado de apropiación comunitaria del mismo. Esta apropiación nace de un proceso participativo que construye capacidades locales (Chaskin), fomenta el aprendizaje colectivo y transfiere un sentido de propiedad y responsabilidad real a la comunidad. Un proyecto sostenible es, en esencia, aquel que deja instaladas en la comunidad las competencias y la confianza para autogobernarse y enfrentar futuros problemas.

            Del mismo modo, la profundidad de la participación es el factor crítico que determina su impacto. Se corrobora la vigencia de la advertencia de Arnstein: la participación simbólica o consultiva es insuficiente e incluso contraproducente. Para que la participación genere los efectos deseados, debe implicar una redistribución real de poder en la toma de decisiones, la ejecución y el control de los proyectos. Esto exige un cambio de paradigma en las instituciones externas (Estado, ONG), que deben pasar de ser proveedores o supervisores a ser facilitadores que cedan espacios de poder genuino a las organizaciones comunales.

            En este sentido, el poder comunal institucionalizado es el garante de la permanencia de los logros. Finalmente, se concluye que la energía de la participación debe ser canalizada y consolidada a través de estructuras comunitarias formales y legítimas (consejos comunales, comités, asambleas). Como señala Arocena, la institucionalización de la acción colectiva provee la estabilidad, transparencia y continuidad necesarias para que los proyectos y la capacidad comunitaria trasciendan a los líderes individuales y se conviertan en un patrimonio permanente de la comunidad.

            En síntesis, este estudio concluye que el desarrollo social comunitario es un proceso endógeno de construcción de poder colectivo. La participación vecinal activa es el motor de este proceso, que teje la red social de confianza y cooperación (eficacia colectiva) y, al institucionalizarse en el poder comunal, asegura que los frutos de este esfuerzo colectivo, los proyectos comunitarios;sean perdurables. La principal implicación de esta investigación es que cualquier intervención orientada al desarrollo comunitario debe priorizar, por encima de la entrega de recursos, la creación de las condiciones para que este circuito virtuoso de participación, eficacia y poder pueda activarse y sostenerse en el tiempo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Referencias Bibliográficas

 

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Arocena, José. 1995. El desarrollo local: un desafío contemporáneo. Caracas: Nueva Sociedad.

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Chaskin, Robert J. 2001. "Building Community Capacity: A Definitional Framework and Case Studies from a Comprehensive Community Initiative". Urban Affairs Review 36 (3): 291-323. https://doi.org/10.1177/10780870122184876.

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