
Neuroeducación
y Ecología del Conocimiento: Una Mirada Emergente desde la Complejidad
Autora: MSc. Gregoria Puerta
UNELLEZ- APURE. VPDR
Correo: greysapuerta@gmail.com
Código orcid 0009-0003-5709-8651
Línea de investigación Matriz: Bienestar, Ambiente y Sostenibilidad. Eje
temático: Ecología humana y social
Como citar este artículo: Gregoria Puerta “Neuroeducación y Ecología del
Conocimiento: Una Mirada Emergente desde la Complejidad” (2025), (1,17)
Recibido: 12/09/2025 Revisado: 15/09/2025 Aceptado: 20/09/2025
RESUMEN
En
la actualidad, la educación se enfrenta al desafío de la resignificación para
adaptarse a las necesidades de un entorno marcado por la incertidumbre, la
diversidad y la rápida evolución social y tecnológica, de allí que el objetivo
de este artículo es determinar la relevancia de un modelo transdisciplinario,
holístico y contextualizado de neuroeducación orientado a la transformación de
los procesos educativos a partir de la perspectiva ecológica del conocimiento y
de la complejidad. Metodológicamente, se llevó a cabo un análisis documental y
una revisión sistemática de estudios científicos y literatura reciente sobre
neuroeducación, ecología del conocimiento y complejidad, permitiendo
interpretar los planteamientos y establecer relaciones entre ellos. Este análisis, destaca los desafíos de la
interoperabilidad entre la neuroeducación y la ecología del conocimiento desde
perspectivas complejas, dado que estas integraciones permiten proponer
practicas educativas más contextualizadas,
relevantes e inclusivas, aunque aún enfrentan desafíos como la validez
ecológica de las categorías investigadas y la aplicación de los descubrimientos
científicos al aula. Sin embargo, coinciden en que el neuroenfoque sustenta la
comprensión del aprendizaje a través de la plasticidad cerebral, la influencia
emocional y el cultivo del entorno, indicando que enfocar el aprendizaje desde
la ecología del conocimiento proporciona una visión más realista de los
sistemas, facilita la comprensión del desarrollo cognitivo y orienta hacia pedagogías
transdisciplinares y críticas. Se proponen estrategias para avanzar hacia una
integración no reduccionista: la transdisciplinariedad, la imbricación de diversas
corrientes educativas con las ciencias no reduccionistas y el sistema como
marco teórico que permita englobar todas las ciencias; ratificando que el
aprendizaje es múltiple como la naturaleza biopsicosocial del que aprende y
este es el camino más efectivo para enriquecer la comprensión de este complejo
proceso y mejorar la educación.
Palabras clave: Neuroeducación,
pensamiento complejo, ecología del conocimiento, neuroplasticidad, formación
docente.
Reseña
biográfica:
Jefa de Orientación y Cooperación de la Universidad Nacional Experimental de
los Llanos Occidentales Ezequiel Zamora. (UNELLEZ) VPDR. Apure.
Profesora
en castellano y literatura (UPEL), Magister en Orientación (UNERG). Doctorante
en Psicopedagogía. En trámites para acto de grado.
Neuroeducation and
Knowledge Ecology: an Emerging Perspective from Complexity
Author: MSc. Gregoria Puerta
UNELLEZ-APURE. VPDR
greysapuerta@gmail.com
0009-0003-5709-8651
Research Area:
Well-being, Environment, and Sustainability. Thematic Axis: Human and Social
Ecology
How to cite this article:
Gregoria Puerta “Neuroeducation and the Ecology of Knowledge: An Emerging
Perspective from Complexity” (2025), (1,17)
Received: 12/09/2025 Revised: 15/09/2025 Accepted:
20/09/2025
ABSTRACT
Currently, education faces the challenge of redefining
its meaning to adapt to the needs of an environment marked by uncertainty,
diversity, and rapid social and technological evolution. Therefore, the
objective of this article is to determine the relevance of a transdisciplinary,
holistic, and contextualized model of neuroeducation aimed at transforming
educational processes from an ecological perspective of knowledge and
complexity. Methodologically, a documentary analysis and a systematic review of
scientific studies and recent literature on neuroeducation, knowledge ecology,
and complexity were carried out, allowing for the interpretation of the
approaches and the establishment of relationships between them. This analysis
highlights the challenges of interoperability between neuroeducation and
knowledge ecology from complex perspectives, given that these integrations
allow for the proposal of more contextualized, relevant, and inclusive
educational practices. However, they still face challenges such as the
ecological validity of the categories investigated and the application of
scientific discoveries to the classroom. However, they agree that the
neuroapproach supports the understanding of learning through brain plasticity,
emotional influence, and environmental cultivation, indicating that approaching
learning from the ecology of knowledge provides a more realistic view of
systems, facilitates the understanding of cognitive development, and guides
toward transdisciplinary and critical pedagogies. Strategies are proposed to
move toward non-reductionist integration: transdisciplinarity, the interweaving
of diverse educational currents with non-reductionist sciences, and the system
as a theoretical framework that encompasses all sciences; confirming that learning
is as multiple as the biopsychosocial nature of the learner, and that this is
the most effective way to enrich the understanding of this complex process and
improve education.
Keywords: Neuroeducation,
complex thinking, ecology of knowledge, neuroplasticity, teacher training.
Biographical Review: Head of Guidance and Cooperation at the National Experimental University
of the Western Plains Ezequiel Zamora (UNELLEZ), VPDR, Apure. Professor of
Spanish Language and Literature (UPEL), Master's Degree in Guidance (UNERG). Doctoral candidate in Psychopedagogy, currently undergoing graduation
procedures.
Introducción
En los últimos años, el ámbito educativo
ha enfrentado la urgente necesidad de cambiar sus enfoques respecto a la
enseñanza y el aprendizaje; tradicionalmente, las estructuras educativas se han
distinguido por una perspectiva fragmentada y unidireccional en la transmisión
de saberes, donde la memorización era más prevalente que la comprensión
integral del ser humano. No obstante, los progresos en las ciencias cognitivas
y el surgimiento de la neurociencia aplicada han impulsado una nueva
interpretación, permitiendo que hoy en día, el aprendizaje sea visto como un
fenómeno con múltiples dimensiones, donde se entrelazan la biología cerebral,
las emociones, y las interacciones sociales y culturales (OECD 2019; UNESCO
2023).
En este contexto, se hace inminente, una
ruptura de esquemas paradigmáticos, para dar paso a una visión más holística e
integradora como lo plantea el pensamiento complejo, según lo expone Morín (1999,12 ) sugiere “aceptar la incertidumbre, la variedad y la
multicausalidad como componentes fundamentales de la realidad en la educación”; en este orden de ideas, plantea
que la educación debe resignificarse
hacia la comprensión de los fenómenos
desde una visión integral, donde los eventos son fruto de varias causas
entrelazadas.
De esta manera, se favorece la evaluación
completa de la realidad, impulsando la reflexión crítica, la capacidad de
cuestionar y la disposición hacia lo desconocido; por lo tanto, invita a
adoptar enfoques educativos que sean más flexibles y dinámicos; perfilando
la complejidad, que alienta a ir más allá y adoptar métodos educativos más versátiles y
dinámicos; es allí, donde la
neuroeducación, surge como un campo transdisciplinario que amalgama
conocimientos de neurociencia, psicología y pedagogía, creando conexiones entre
saberes que anteriormente estaban separados, (Tokuhama- Espinosa 2014).
Haciendo referencia a la relevancia de la
temática, la neuroeducación articulada junto a la ecología del conocimiento aborda la
necesidad actual de ir más allá de perspectivas simplistas en la educación, en
consecuencia, la combinación de estos dos enfoques teóricos, considerando la
complejidad, fomenta sistemas de enseñanza que son flexibles, inclusivos y
respetuosos de las diversas culturas, alineándose con la dimensión
biopsicosocial y emocional del ser humano, elementos esenciales en contextos de
continuo cambio tecnológico y cultural.
De allí que, la presente investigación
busca analizar de manera crítica e interpretativa la relación entre la
neuroeducación y la ecología del conocimiento, a través de la teoría de la
complejidad. En este artículo se presentan los fundamentos y controversias de
ambos enfoques y la perspectiva compleja, la intersección y retos que presentan
estos paradigmas, la discusión sobre sus posibilidades e impactos y las
conclusiones, producto del análisis interpretativo.
Neuroeducación:
fundamentos y aportes.
La neuroeducación se establece como un
campo que combina la neurociencia, la psicología y la educación para entender y
mejorar los métodos de aprendizaje. (Tokuhama- Espinosa 2014) la define como "el puente que une la
investigación cerebral, la educación y las ciencias del pensamiento".
En
este sentido, la neuroeducación, estableciendo conexiones entre distintas
disciplinas que antes se investigaban de manera aislada, conlleva a la
transdisciplina, permitiendo entender
con mayor claridad el proceso de
aprendizaje del cerebro humano, vislumbrando los descubrimientos científicos en el ámbito
educativo fundamentalmente, subrayando
la necesidad de eliminar divisiones entre diferentes áreas de estudio para
potenciar la educación mediante una perspectiva integral del aprendizaje.
Aunado a lo anterior expuesto, la
información obtenida a través de investigaciones recientes, ofrecen
contribuciones muy significativas para los docentes y formadores en general, entendiendo
de manera científica los procesos de aprendizaje y como son gestionados; en
este sentido, "el neuroaprendizaje, es una herramienta
imprescindible para el docente de nuestros tiempos, que sabe que el único
camino seguro para un futuro promisorio es contribuir a la formación de seres
capaces de autogestionarse y superarse a sí mismos" (Carrillo et
al. 2022,22).
De allí que, el neuroaprendizaje
busca desarrollar personas
independientes, que puedan manejar su propio proceso de aprendizaje y afrontar
los desafíos presentes y futuros; para ello, se
requiere trascender de la mera
entrega de información, cultivando capacidades de reflexión, autoconocimiento y
crecimiento personal, es por esto que los educadores que aplican el
neuroaprendizaje entienden que cada aprendiz es distinto y promueven ambientes
educativos adaptables e inclusivos; de
esta manera, el neuroaprendizaje se establece como un elemento clave para
alcanzar una educación más humana y flexible. En atención a otro aspecto que
involucra la neuroeducación en el aprendizaje es la neuroplasticidad cerebral,
que concibe al cerebro como un órgano en constante transformación, donde “cada vivencia nueva tiene el potencial de
reconfigurar las sinapsis y fortalecer la resiliencia" (Carrillo et
al.2022, 34).
Es así, como cada experiencia reciente tiene el potencial
de alterar las uniones sinápticas, facilitando la reestructuración y mejora de
las redes neuronales, enfatizando que el
aprendizaje y las experiencias no solo afectan el saber, sino que pueden
también potenciar la habilidad de adaptación y la resiliencia frente a
adversidades, de este modo, la neuroeducación reconoce que el proceso de
enseñanza puede afectar de manera directa la organización del cerebro,
fomentando enfoques que impulsen el crecimiento integral y la versatilidad
cognitiva del que aprende .En este sentido, debates contemporáneos, muestran
acuerdos y se acepta que la
adquisición del conocimiento es influenciada no solo por elementos mentales,
sino también por entornos emocionales y sociales; en este sentido, (Soto, Soto
y Mena 2025, 45) plantean:
El
aprendizaje es un proceso activo, emocional y social, profundamente influido
por el contexto y la experiencia. La memoria, la atención sostenida, la
intrínseca y la plasticidad cerebral emergen como factores clave. Se concluye
que integrar conocimientos neurocientíficos en la práctica docente permite
diseñar entornos de aprendizaje más inclusivos, efectivos y humanos.
Es por esto, que el aprendizaje debe ser
visto como una red integrada de procesos neuronales, emocionales, sociales y
culturales, aunado a el aspecto bioquímico, donde se
conoce que sustancias como la dopamina
activan los mecanismos de recompensa, lo que refuerza los sistemas de atención,
memoria y motivación, al mismo tiempo, las emociones positivas, al afectar
el sistema límbico, favorecen la apertura cognitiva y la retención de
información, es por ello, que cualquier enfoque educativo fundamentado en la
evidencia de las neurociencias debe incluir estos elementos interrelacionados,
fomentando un aprendizaje significativo y situado que considere la diversidad
de los seres humanos y cómo influye el
entorno cultural de cada estudiante.
Ecología
del conocimiento: una visión transdisciplinar
Se comprende la ecología del conocimiento,
según Rincón (2016, 78), cómo "el
conocimiento se estructura en redes flexibles, donde la colaboración, la
pluralidad y la capacidad de adaptarse son esenciales". En
consecuencia, el planteamiento anterior, manifiesta que el conocimiento no
forma un sistema aislado o singular, sino que se organiza en redes flexibles
donde la colaboración entre diversas formas de saber es fundamental; resaltando
la variedad y la coexistencia de conocimientos científicos, populares,
indígenas y tradicionales, sin establecer jerarquías rígidas, fomentando un
intercambio horizontal y enriquecedor entre ellos la habilidad de ajustarse a
diferentes contextos es esencial en esta ecología, ya que se reconoce que los
saberes deben relacionarse y transformarse entre sí para hacer frente a
diversas realidades sociales.
En este sentido, conocimiento se entiende
como un proceso colaborativo y cambiante, creado a partir de la diversidad y la
interacción social, capaz de dar lugar a nuevas formas de comprender y cambiar
el mundo; por lo tanto, esta perspectiva alienta a dejar atrás la monocultura
del saber, promoviendo la inclusión y la colaboración en la creación del
conocimiento. De allí que, en este enfoque, los sistemas de educación se
centran en "promover vínculos, la
interacción entre áreas y una receptividad continua hacia la transformación y
la creatividad" Morin, (1996, 34). Desde esta idea, Morín inspira a
los sistemas educativos a crear conexiones genuinas y significativas entre
diferentes áreas del conocimiento, fomentando una interacción continua y fluida
que permita la integración de saberes desde un enfoque holístico y complicado;
con una disposición permanente hacia el cambio y la innovación, entendidas como
elementos esenciales para adaptarse a la complejidad del entorno actual y para
generar soluciones creativas a problemas en evolución.
Diversidad
epistemológica, diálogo de saberes
Desde esta perspectiva, desafía la
dominancia de un solo enfoque del conocimiento, sugiriendo la comunicación
entre culturas y la combinación de diversas formas de conocimiento, facilitando
una educación relevante, contextualizada y analítica ante los retos de la
sociedad actual. Morín sostiene que el
aprendizaje debe ir más allá de la simple transferencia de información
desarticulada, sino que debe promover una visión sistémica que una y conecte
diferentes saberes, incentivando así un pensamiento crítico, inclusivo y
adaptable.
Ahora bien, el sistema educativo se
transforma en un espacio para el diálogo y la construcción en conjunto, capaz
de enfrentar los retos sociales, culturales y ambientales con sensibilidad y flexibilidad,
invitando a ver la educación como un proceso dinámico, en constante cambio, que
impulsa el desarrollo humano integral desde la complejidad y la interdependencia.
En consideración a la diversidad epistemológica, se debe hacer enfatizar en la
teoría de la complejidad y sus principios, que caracterizan su visión y permean
los sistemas de acción social; desde la configuración de este análisis,
aplicado al hecho educativo, se consideran con mayor pertinencia la
recursividad, el dialogo y la incertidumbre, como a continuación se presentan:
Principio
de recursividad.
En la teoría de la complejidad, el
concepto de recursividad sugiere que los resultados producidos en un sistema
afectan y alteran a los propios creadores, esto implica que la conexión entre
causa y efecto no sigue un camino recto o unidireccional, sino que forma un
ciclo dinámico: el efecto retrocede hacia la causa, modificándola y generando
un ciclo de retroalimentación que promueve la evolución del sistema en su
conjunto, de allí que en el ámbito
educativo, esto indica que el saber generado por los integrantes de una
comunidad educativa (estudiantes, maestros, contexto) transforma las prácticas
y las estructuras de esa misma comunidad, favoreciendo la autoorganización y la
creatividad.
Es
así, como se puede ejemplificar con los
proyectos de enseñanza y las vivencias de aprendizaje, dado que no solo impactan a los estudiantes, sino que
redefinen el papel y el conocimiento de los maestros, las instituciones y la
cultura académica en general; este
principio también aclara que los métodos y resultados en la educación no son
fijos, cada aprendizaje, cada innovación y cada error altera el sistema
educativo en general, creando nuevas relaciones de causa y efecto en un ciclo
interminable de cambios; de allí que el proceso de aprendizaje y enseñanza se
entiende como autoorganizado y reflexivo, donde las habilidades, valores y
conocimientos emergen a partir de las interacciones entre todos los
involucrados.
Principio
de diálogo.
El principio del diálogo presenta la
noción de que en un sistema complejo es posible que existan elementos que se
oponen o que son contradictorios, y que la interacción dinámica de estos
aspectos crea significado, estructura e innovación. Aquí no se busca suprimir
el conflicto o las diferencias, sino aceptar que la tensión entre extremos como
independencia/dependencia, orden/desorganización, teoría/realidad es esencial
para la existencia y contribuye al enriquecimiento del sistema. Según Morín (1977,
78), el principio del diálogo "permite
asumir racionalmente la inseparabilidad de nociones contradictorias para
concebir un mismo fenómeno complejo".
De esta manera, este principio en el
ámbito de la educación, promueve la interacción entre diferentes conocimientos,
culturas, métodos de aprendizaje y principios, valorando las diversidades y las
tensiones como base para la creatividad y un aprendizaje significativo; de esta
manera, el diálogo trasciende la simple conversación y se convierte en una
conexión compleja de variadas posturas y vivencias que se enriquecen entre sí, y al
llevarlo a la práctica, se puede decir que
al combinar ciencias y humanidades,
teoría y práctica, o incluso diversas realidades culturales, el sistema
educativo mejora su habilidad para adaptarse y ofrecer respuestas adecuadas a
la complejidad del presente.
Es
por ello, que los dos principios, recursividad y diálogo son fundamentales para
desarrollar una educación dinámica, adaptable y apta para enfrentar los retos
actuales, ajustando constantemente sus objetivos, métodos y logros según los
cambios internos y externos del sistema educativo. Aunado, a los principios
antes mencionados, es importante referir el principio de la incertidumbre, el
cual caracteriza la complejidad en los distintos escenarios del conocimiento,
en este sentido, (Balza y Pérez 2006, 67) plantean: "el pensamiento complejo resitúa el
principio de incertidumbre, el cual permite al individuo que aprende liberarse
del encadenamiento de conceptos lineales construidos en el mito del saber
objetivo."
En palabras de (Balza y Pérez 2006), el
pensamiento complejo introduce el principio de incertidumbre como herramienta
para escapar de la rigidez del saber lineal de corte positivista, a la vez que
sitúa al sujeto en un mundo abierto en el que resulta imposible sostener una
verdad cerrada, absoluta, consensuada e intemporal. Liberando al sujeto del
mito de la objetividad y con ello, desarrollando en la persona una actitud
crítica capaz de enriquecer lo diverso, lo contradictorio y lo casual en el
proceso de aprendizaje. De ahí que la complejidad fomente la autonomía y el
respeto a la vida, acercándose a esta tercera perspectiva del mundo
interrelacionándola con otras en lugar de reducirla a una única mirada lineal.
Principio
de incertidumbre.
En este sentido, el principio de
incertidumbre, libera al individuo de una perspectiva rígida y lineal que
define el mito del conocimiento objetivo e invita a reconocer que el saber no
es absoluto ni fijo, sino que se desarrolla en contextos cambiantes donde las
certezas son constantemente desafiadas. Al liberar al estudiante de conceptos
encadenados de manera lineal, se promueve una visión más amplia y adaptable de
la realidad, que permite la coexistencia de ideas opuestas y la complejidad
inherente de los fenómenos.
Así,
el pensamiento complejo sugiere ir más allá de una comprensión fragmentada y
reductiva del conocimiento, para adoptar procesos que sean integradores y que
fomenten el diálogo; de esta manera, el aprendizaje se convierte en una
vivencia creativa, abierta a la crítica reflexiva y a un cambio continuo. En resumen, Balza y Pérez enfatizan que esta
visión promueve una postura epistemológica nueva, que valora la incertidumbre
como un impulsor del conocimiento y del avance humano.
En este contexto, un sistema educativo que
responda a lo antes planteado debe valorar la interacción de conocimientos en
un marco global considerando las diversas realidades de cada alumno como
herramientas activas para el aprendizaje aunado a la inclusión de métodos
interculturales y culturalmente sensibles, fomentando sociabilidad, el sentido
de comunidad y justicia, reconociendo la riqueza que aporta la diversidad
cultural en el entorno socioeducativo.
Neuroeducación y ecología del conocimiento.
Un modelo emergente.
Con el objetivo de avanzar hacia un nuevo
modelo educativo basado en la neuroeducación y la ecología del conocimiento, se
coloca la educación en un marco de redes de conocimiento, donde la
flexibilidad, la interdisciplinariedad y la autonomía del estudiante son
esenciales para el desarrollo humano integral; de allí se presentan las siguientes
directrices innovadoras. Asimismo, se tiene
la integración curricular transdisciplinaria, que promueve planes de estudios y
facilitan el diálogo más allá las ciencias cognitivas, permeados de los
descubrimientos neurocientíficos; las humanidades y la tecnología para generar
aprendizajes significativos, en entornos de aprendizaje flexibles, constituidos
por espacios y contextos educativos, diseñados para promover la autonomía del
estudiante, la experimentación y la interacción con diversos actores y
situaciones de aprendizaje a través del aprendizaje por problemas, el uso
amigable de la tecnología y el trabajo cooperativo.
Por esta razón, deben generarse,
situaciones de aprendizaje auténticas y adaptables: Organizar procesos
formativos que reconozcan la creatividad, la resolución de problemas y el
pensamiento complejo; situando a los actores del proceso educativo en un
desaprender y aprender donde la primacía sea el ser humano biopsicosocial y su
pleno desarrollo en el devenir de la realidad cambiante y sus constantes retos.
Siguiendo este orden de ideas, la conexión entre la neurociencia y el enfoque
de pensamiento complejo permite una nueva evaluación de la educación actual,
esto exige la necesidad de una “reforma del pensamiento” capaz de superar el
paradigma de la fragmentación que se ha implementado desde la modernidad y que
ha afectado significativamente el proceso educativo; ya es hora de una
resignificación de la educación, tal como lo plantea Morín (1999, 89):
Resulta imperativo concebir una
educación que rompa con la visión fragmentaria del mundo, para, de esta forma,
dar paso a una educación que enseñe los métodos que nos permitan 'aprehender
las relaciones mutuas y las influencias recíprocas entre las partes y el todo
de un mundo complejo y, así, vivir de acuerdo con nuestra compleja condición.
Con base en ello, los estudios en el campo
de la neuroeducación demuestran que un aprendizaje relevante no puede existir
sin considerar las emociones y el entorno social del aprendiz y una
capacitación a los maestros para entender la complejidad del aula a través y
enriquecer su labor a través de una práctica crítica, creativa y ética; de allí
la preocupación actual en las políticas educativas a nivel mundial, que consideran inminente incluir la neurociencia
en la formación de docentes facilita la adopción de metodologías pedagógicas
fundamentadas en las ciencias del aprendizaje, que sean inclusivas y respeten
la diversidad (OECD 2019; UNESCO 2023). Así, establecer conexiones entre
diferentes saberes a través de un currículo que, desde una óptica compleja,
reconozca las incertidumbres, valore la diversidad y fomente la responsabilidad
ética de los educadores como facilitadores del pensamiento crítico y de la
autonomía del estudiante.
En consecuencia, la complejidad
proporciona el fundamento teórico esencial para enlazar la neuroeducación.
(dimensión biológica-emocional) con la ecología del conocimiento (dimensión
socioepistemológica), reconociendo la conexión entre procesos cognitivos
personales y entornos culturales. Ambas perspectivas coinciden en destacar la
importancia de la flexibilidad, la variedad y el rechazo a enfoques lineales en
el aprendizaje.
Metodología
La metodología empleada el análisis
documental, bajo un enfoque cualitativo para analizar la literatura
científico-académico, centrada en publicaciones realizadas por pares,
documentos globales y textos fundamentales en neuroeducación, pensamiento
complejo y ecología del conocimiento. En la elección de las fuentes, se dio
preferencia a los trabajos de reconocidos estudiosos del área, que se constituyen en
base de datos de interés para la investigación.
Análisis
e imbricación.
La interacción entre la neuroeducación y
la ecología del conocimiento, facilitada por la teoría de la complejidad,
establece una base educativa dirigida a la producción de conocimientos
relevantes y situados, en tanto que la neuroeducación aporta "una
comprensión más profunda de los procesos de aprendizaje, mientras que la
ecología del conocimiento plantea la necesidad de fomentar conexiones e
interacción entre disciplinas.
Es por ello que, esta visión interdisciplinaria rompe con las
barreras convencionales del conocimiento, promoviendo la colaboración y la
creatividad en entornos académicos, en conjunto, ambos enfoques subrayan que el
aprendizaje es un proceso complejo, tanto a nivel neuronal como social, que se
enriquece al articular la comprensión profunda del cerebro con la interacción
plural y cooperativa entre saberes diversos, impulsando una educación más
integral, adaptativa y abierta a la innovación.
De allí que, el proceso de aprendizaje se
presenta, por lo tanto, como un acontecimiento que surge de conexiones
bio-psico-sociales, en las que “la individualidad de cada aprendiz se conecta
con los temas de estudio" Bisquerra (2011, 65) La afectividad desempeña
una función esencial y la adaptabilidad del cerebro proporciona el fundamento
biológico para esta elasticidad, mientras que las conexiones epistemológicas
facilitan la integración entre disciplinas.
Implicaciones
para el aprendizaje y la enseñanza
Esta combinación sugiere transformaciones
esenciales:
Planes de estudio transversales y
flexibles: Integrando ciencias del pensamiento, disciplinas humanísticas y
artísticas, para una educación contextualizada. Ambientes de aprendizaje
colaborativos: "La educación se manifiesta como un fenómeno que emerge,
que no sigue una secuencia predecible y que puede transformar, donde el error
representa una oportunidad para reconfigurar" Morín (1999, 787).
Gestión emocional docente: La formación
del profesorado desde una perspectiva transdisciplinaria, proporciona los
recursos para manejar las emociones, facilitando aprendizajes complejos en ambientes
de aprendizaje que sean colaborativos y sensibles a la cultura y el entorno.
Tecnología y diversidad. La combinación
esencial de recursos digitales, perspectivas interculturales y métodos activos,
ante la variedad y riqueza cultural (UNESCO 2023); y desde esta
interconexión avanzar hacia sistemas de
enseñanza que sean accesibles, flexibles, receptivos a la variedad y a las
alteraciones del entorno, constituyéndose a su vez en una perspectiva que guie
las políticas públicas, creando
argumentos válidos conducentes a una oportunidad transformadora para mejorar la
justicia y el estándar educativo.
Conclusiones
El análisis realizado, permitió conocer la
conexión entre la neuroeducación, la ecología del conocimiento y la teoría de
la complejidad como una perspectiva alentadora para la innovación en la
educación. Este modelo, fundamentado en
evidencias científicas y enfoques transdisciplinares, va más allá de los
métodos aislados, en este sentido, propone un enfoque integral que acepta la diversidad y la complejidad del
aprendizaje en los seres humanos, en pertinencia con su naturaleza
biopsicosocial
En concordancia, con el pensamiento complejo, favorece el
desarrollo de individuos independientes, analíticos, a partir de la neuroeducación que tributa en la transformación del rol del educador y fomenta entornos
flexibles, cooperativos y éticos que hacen del aprendizaje una experiencia de
cambio tanto personal como grupal y esta combinación de enfoques proporciona soluciones
relevantes a los desafíos contemporáneos, permitiendo una formación educativa
que sea significativa, inclusiva y que esté en consonancia con las dificultades
de un entorno diverso y complejo.
Siguiendo, el planteamiento anterior, la
incorporación en esta imbricada postura, se complementa con la “ecología del
conocimiento", desde donde se promueven conexiones educativas abiertas y
en red, facilitando la aparición de nuevos conocimientos mediante la
cooperación, la flexibilidad y la innovación en comunidades activas y es desde
estos escenarios que se debe permear el quehacer educativo para responder a las demandas crecientes de
los sujetos que aprenden, en el presente y en el futuro inmediato.

Figura 1.
Sintagma de Neuroeducación y ecología del conocimiento. Fuente: Puerta (2025).
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