
La Gestión Educativa en clave de
Complejidad: Desafíos y Oportunidades para el Desarrollo Sustentable
Autora. Dra. Yunaika Venegas Camejo
Correo:
yunaikavenegas@gmail.com
Orcid: https://orcid.org/0000-0002-8667-5185
Línea de Investigación Matriz: Bienestar,
Ambiente y Sostenibilidad. Eje temático: Desarrollo
endógeno y sostenible
Como citar este artículo: Yunaika Venegas Camejo
“La Gestión Educativa en clave de Complejidad: Desafíos y Oportunidades para el
Desarrollo Sustentable” (2025), (1,14)
Recibido: 12/10/2025 Revisado: 13/10/2025 Aceptado: 25/10/2025
RESUMEN
Este artículo
científico documental analiza la gestión educativa desde el paradigma de la
complejidad, examinando su potencial para reorientar las prácticas
institucionales hacia el desarrollo sustentable. El objetivo general fue
analizar los fundamentos, desafíos y oportunidades que presenta el enfoque de
la complejidad para la gestión educativa, examinando su potencial para
reorientar las prácticas administrativas y pedagógicas hacia el logro del
desarrollo sustentable. Metodológicamente, se sustentó en un análisis
hermenéutico de fuentes especializadas, siguiendo un diseño documental
riguroso. Los resultados, organizados en dos ejes, revelan, por un lado,
desafíos estructurales profundos, como la inercia de modelos gerenciales
reduccionistas y burocráticos. Por otro lado, identificaron principios
habilitadores, como la autonomía responsable, la contextualización y el
liderazgo facilitador. A su vez, la discusión contrastó las perspectivas de
autores como Morin, Flores Crespo, Sautu y Cortese, demostrando que los
obstáculos y las oportunidades existen en una relación dialéctica, donde la
propia crisis del modelo tradicional genera la presión para innovar. Se
concluye que la gestión en clave de complejidad es una condición necesaria para
que las instituciones educativas se transformen en microcosmos vivientes de la
sustentabilidad. Esto exige superar la lógica instrumental y adoptar una
postura ética y epistemológica que priorice el pensamiento sistémico, la
coherencia institucional y la construcción colectiva de futuros viables,
haciendo de la educación un verdadero agente de transformación socio-ambiental.
Descriptores: Gestión Educativa, complejidad:
desafíos, oportunidades, desarrollo sustentable.
Reseña Biográfica: Lcda en Contaduría, Magister en
Gerencia de Recursos Humanos, Dra en Innovaciones Educativas.
Educational
Management Through a Complexity Perspective: Challenges and Opportunities for
Sustainable Development
Author:
Dr. Yunaika Venegas Camejo
Email:
yunaikavenegas@gmail.com
ORCID:
https://orcid.org/0000-0002-8667-5185
Main
Research Area: Well-being, Environment, and Sustainability. Thematic Axis:
Endogenous and Sustainable Development
How to cite this article: Yunaika Venegas Camejo
“Educational Management from a Complexity Perspective: Challenges and
Opportunities for Sustainable Development” (2025), (1,14)
Received: 10/12/2025 Revised: 10/13/2025 Accepted:
10/25/2025
ABSTRACT
This scientific documentary article analyzes educational management from
the paradigm of complexity, examining its potential to reorient institutional
practices toward sustainable development. The general objective was to analyze
the foundations, challenges, and opportunities that the complexity approach
presents for educational management, examining its potential to reorient
administrative and pedagogical practices toward achieving sustainable
development. Methodologically, it was based on a hermeneutic analysis of
specialized sources, following a rigorous documentary design. The results,
organized along two axes, reveal, on the one hand, profound structural
challenges, such as the inertia of reductionist and bureaucratic management
models. On the other hand, they identify enabling principles, such as
responsible autonomy, contextualization, and facilitative leadership. The
discussion contrasts the perspectives of authors such as Morin, Flores Crespo,
Sautu, and Cortese, demonstrating that obstacles and opportunities exist in a
dialectical relationship, where the very crisis of the traditional model
generates the pressure to innovate. It is concluded that management with a
focus on complexity is a necessary condition for educational institutions to
transform into living microcosms of sustainability. This requires moving beyond
instrumental logic and adopting an ethical and epistemological stance that
prioritizes systemic thinking, institutional coherence, and the collective
construction of viable futures, making education a true agent of
socio-environmental transformation.
Keywords: Educational Management,
complexity: challenges, opportunities, sustainable development.
Biographical Sketch:
Bachelor’s degree in accounting, Master's degree in Human Resources Management,
PhD in Educational Innovations.
Introducciòn
La gestión educativa contemporánea se desenvuelve en un
escenario global caracterizado por la interdependencia, la incertidumbre y
problemas de una magnitud y naturaleza sin precedentes, donde la búsqueda del
desarrollo sustentable emerge como un imperativo ético y civilizatorio.
Tradicionalmente, los sistemas educativos y sus modelos de gestión se han
regido por paradigmas lineales, fragmentados y reduccionistas, eficaces para
contextos estables, pero profundamente insuficientes para navegar la
complejidad de los desafíos actuales. Esta disonancia entre las estructuras
administrativas rígidas y la realidad dinámica y multifacética de las
comunidades educativas limita severamente el potencial transformador de la
educación.
En este contexto, el enfoque de la complejidad,
fundamentado en los aportes de pensadores como Edgar Morin, ofrece un marco
epistemológico y metodológico radicalmente distinto. Propone comprender los
fenómenos educativos no como la suma de partes aisladas (aulas, departamentos,
currículos), sino como sistemas vivos, adaptativos y autoorganizativos, donde
interactúan de manera no lineal una multiplicidad de actores, saberes,
contextos y dimensiones (social, ecológica, económica, cultural). Por ello, gestionar
en clave de complejidad implica, por tanto, transitar desde un control
centralizado hacia la promoción de redes colaborativas, desde la
homogeneización hacia el reconocimiento de la diversidad como riqueza, y desde
la planificación rígida hacia la adaptabilidad y el aprendizaje continuo de la
organización.
De este modo, la importancia de abordar la gestión
educativa desde esta perspectiva es crucial para el desarrollo sustentable. En
tal sentido, la educación no es solo un instrumento para lograr la
sustentabilidad; debe ser, en sí misma, un proceso sustentable y regenerativo. Por
ello, esto requiere que su gestión internalice principios como el pensamiento
sistémico, el diálogo de saberes, la corresponsabilidad y la ética del cuidado.
Visto de esta forma, solo una gestión capaz de integrar estas dimensiones podrá
formar ciudadanos críticos, creativos y comprometidos con la construcción de
futuros viables, capaces de enfrentar problemas complejos como la crisis
climática, la desigualdad social y la pérdida de biodiversidad.
Por lo tanto, el objetivo general de este artículo
científico fue analizar los fundamentos, desafíos y oportunidades que presenta
el enfoque de la complejidad para la gestión educativa, examinando su potencial
para reorientar las prácticas administrativas y pedagógicas hacia el logro del
desarrollo sustentable. Se pretende ofrecer una síntesis crítica que sirva como
marco de referencia para investigadores, gestores educativos y formuladores de
política pública.
En este marco de ideas, la estructura del artículo sigue
la metodología IMRyDC (Introducción, Método, Resultados y Discusión,
Conclusiones), adaptada para un estudio de tipo documental. A través de este
recorrido, el artículo buscó fundamentar que repensar la gestión educativa en
clave de complejidad no es una opción teórica, sino una condición necesaria
para que las instituciones educativas cumplan con su misión primordial en el
siglo XXI: ser agentes catalizadores de un desarrollo genuinamente humano y
sustentable.
Desarrollo
El núcleo de este análisis se articuló en torno a tres
constructos fundamentales, cuya interrelación define el horizonte de
posibilidad para una transformación profunda de las instituciones formativas.
Estos conceptos no operan de manera aislada; más bien, se entrelazan de forma
dinámica, exigiendo una mirada que supere el aislamiento disciplinar para
abrazar su inherente interdependencia. Desde esta perspectiva, su examen
detallado permitió desentrañar tanto los obstáculos como los potenciales
caminos de innovación.
El primer constructo, la Gestión Educativa en clave de
complejidad, encuentra una de sus fundamentaciones más sólidas en la obra del
pensador francés Edgar Morin. Este autor postula que el paradigma de la
complejidad "nos impide aislar, disociar, pero nos obliga a distinguir,
luego a unir, en un pensamiento que establezca los lazos entre lo que está
separado" (Morin 1994, 45). Esta afirmación no es meramente teórica;
constituye un principio rector para la acción directiva.
De este modo, el autor desafía radicalmente los modelos
gerenciales basados en la simplificación, la hiper-especialización y el control
lineal de procesos. En este orden de ideas, su propuesta exige transitar de una
gestión que fragmenta la realidad institucional (separando, por ejemplo, lo
académico de lo administrativo, o el aula del entorno comunitario) hacia una
praxis que reconozca y teja conexiones. Asimismo, implica comprender la
organización educativa como un sistema vivo, autopoiético y adaptativo, donde
las decisiones en un área generan efectos no anticipados en otras, fenómenos
que la teoría de la complejidad denomina emergencias.
Por consiguiente, gestionar con este enfoque significa
cultivar una inteligencia colectiva capaz de navegar la incertidumbre, fomentar
la autoorganización responsable de los equipos y diseñar estrategias que sean,
al mismo tiempo, coherentes en sus fines y flexibles en sus trayectorias. De
esta forma, la gestión deja de ser un mero instrumento de aplicación normativa
para convertirse en un proceso de aprendizaje organizacional continuo, donde el
error se analiza como fuente de información y la diversidad de perspectivas se
valora como un capital cognitivo indispensable.
En cuanto al segundo constructo, los desafíos y
oportunidades para el desarrollo sustentable, el análisis se enriquece con la
contribución del especialista en gestión universitaria Julio Barrón Tirado. Él
advierte que "la gestión en la incertidumbre demanda un liderazgo
distinto, capaz de promover la participación corresponsable y de construir
visiones compartidas que den sentido a la acción colectiva" (Barrón Tirado
2008, 78). Esta cita ilumina el núcleo de la tensión contemporánea.
Por un lado, el desafío principal reside en superar la
inercia de estructuras burocráticas rígidas, diseñadas para la estabilidad y la
reproducción, las cuales suelen generar resistencia al cambio y fragmentar las
iniciativas sustentables en proyectos aislados y desarticulados. Además, cabe
considerar la persistencia de una formación directiva que privilegia
herramientas técnicas de control sobre competencias para la facilitación del
diálogo, la mediación de conflictos y la gestión de redes colaborativas. Sin
embargo, desde la óptica de la complejidad, estas mismas dificultades se
revelan como oportunidades.
En este sentido,
la incertidumbre deja de ser una amenaza para convertirse en el espacio de la
innovación y la co-creación. Del mismo modo, la necesidad de participación
corresponsable abre la puerta a una gobernanza más horizontal y democrática,
integrando activamente a estudiantes, docentes, familias y actores del
territorio en la toma de decisiones. Igualmente, la construcción de esas
visiones compartidas a las que alude Barrón Tirado permite alinear los esfuerzos
dispersos hacia metas sustentables comunes, transformando la institución en un
nodo activo dentro de un ecosistema socio-educativo más amplio y resiliente.
De este modo, el constructo del desarrollo sustentable es
examinado más allá de su definición ecológica convencional, adoptando la visión
integral propuesta por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe
(CEPAL). Este organismo enfatiza que se trata de un "proceso de cambio
progresivo en la calidad de vida de las personas, que se funda en medidas
apropiadas de conservación y protección del medio ambiente, de manera que no se
comprometa la satisfacción de las necesidades de las generaciones futuras"
(CEPAL 2018, 15). Esta conceptualización es crucial porque trasciende la mirada
puramente ambiental.
A su vez, instala en el centro la calidad de vida y la
justicia intergeneracional como ejes éticos irrenunciables. En el mismo
sentido, al vincularse con la gestión educativa compleja, este concepto
adquiere una dimensión operativa. No se limita a ser un contenido curricular o
una campaña esporádica; más bien, se convierte en el principio organizador de
la vida institucional en su totalidad.
Por lo tanto, una gestión que opera en clave de
complejidad estaría llamada a internalizar esta noción de progreso, fomentando
prácticas administrativas que minimicen el impacto ambiental (como el consumo
eficiente de recursos), currículos que integren la sustentabilidad de forma
transdisciplinar, y una vinculación con la comunidad que promueva la equidad
social y la salud de los ecosistemas locales. De este modo, la institución
educativa no solo enseña sobre sustentabilidad, sino que, coherentemente, se convierte
en un modelo vivo de sus principios, demostrando en su propio funcionamiento la
viabilidad de integrar dimensiones económicas, sociales y ambientales en un
todo sinérgico.
En tal sentido, la interacción dialéctica entre estos
tres constructos, la gestión compleja como enfoque, los desafíos-oportunidades
como campo de tensión y acción, y el desarrollo sustentable como horizonte
ético y práctico, configura un marco potente para repensar la educación. Esta
triangulación conceptual sugiere que la transición hacia modelos educativos
genuinamente transformadores requiere, necesariamente, una revolución en las
formas de entender y ejercer la dirección y administración de las instituciones
de enseñanza.
Metodología
El presente artículo se sustentó en un diseño
metodológico de investigación documental, enfoque que resultó particularmente
pertinente para el estudio de constructos teóricos complejos y la
sistematización de perspectivas dispersas en un campo de conocimiento. Este
tipo de investigación no se limitó a una compilación pasiva de fuentes; más
bien, constituye un proceso riguroso de búsqueda, selección crítica, análisis e
interpretación de documentos especializados, con el fin de construir una
síntesis original y fundamentada.
En este orden de ideas, el método interpretativo se
orientó a develar los matices, tensiones y convergencias presentes en la
literatura académica sobre los ejes temáticos propuestos, tejiendo un discurso
integrador a partir de la diversidad de voces autorizadas. El proceso se
ejecutó en tres fases operativas articuladas y recursivas, coherentes con el
propio principio de complejidad que estudia. La primera fase, de rastreo y
localización heurística, se centró en identificar un corpus documental
relevante y de alta rigurosidad académica.
Para ello, se definieron estrategias de búsqueda en bases
de datos especializadas (Scopus, Web of Science, Dialnet, SciELO) y
repositorios institucionales, utilizando una combinación de términos
controlados y palabras clave en español, tales como gestión educativa
complejidad y desarrollo sustentable educación. Además, se empleó la técnica de
bola de nieve o rastreo de referencias, examinando la bibliografía de los
documentos seminales para ampliar el espectro de fuentes. De este modo, se
aseguró una exploración lo más exhaustiva posible, atendiendo tanto a la
producción iberoamericana como a contribuciones anglosajonas fundamentales.
Posteriormente, se implementó una fase de selección y
crítica, donde las fuentes identificadas fueron evaluadas con criterios de
inclusión y exclusión explícitos. Se priorizaron artículos científicos
arbitrados, capítulos de libro académicos y monografías de autoría reconocida,
publicados preferentemente en las últimas dos décadas para capturar la
evolución contemporánea del debate.
Asimismo, se excluyeron documentos de divulgación no
académica, fuentes sin revisión por pares y textos que, aunque tangencialmente
relacionados, no abordaran de manera central la intersección entre los tres
constructos. Este filtro, lejos de ser un mero trámite administrativo, fue un
ejercicio analítico inicial que permitió delimitar un corpus manejable y de
alta calidad, concentrado en aproximadamente cuarenta documentos considerados
esenciales para la argumentación.
Por consiguiente, la fase central y más sustantiva
correspondió al análisis e interpretación hermenéutica de los textos
seleccionados. Aquí, la investigación adoptó un enfoque interpretativo,
alineado con la naturaleza cualitativa del estudio. Se elaboró una matriz de
análisis categorial que operacionalizó los constructos principales (gestión en
clave de complejidad, desafíos/oportunidades, desarrollo sustentable) en
dimensiones y subcategorías analíticas.
Cabe considerar que el proceso no fue lineal; por el
contrario, consistió en una lectura profunda y reiterada de los documentos,
identificando postulados, contrastando perspectivas y extrayendo fragmentos
significativos para su citado y discusión. Desde esta perspectiva, el análisis
siguió la lógica de la triangulación teórica, cotejando las visiones de
diferentes autores para construir una comprensión multidimensional y detectar
tanto consensos como disensos fundamentales.
Igualmente, se aplicaron principios del “análisis de
contenido temático”, tal como lo sugiere Bardin (1996, 56), para codificar la
información y organizarla en unidades de sentido que luego estructuraron la
discusión de resultados. De esta forma, la metodología documental empleada
trasciende la reseña, aspirando a ofrecer una relectura crítica y una
articulación novedosa del conocimiento existente sobre el tema propuesto.
Resultados
El análisis documental realizado reveló un corpus teórico
rico y multivocal, donde las perspectivas de diversos autores dialogaron, se
complementaron y, en ocasiones, tensionaron sobre la articulación entre
gestión, complejidad y sustentabilidad. Los hallazgos se organizaron en dos
grandes ejes analíticos emergentes: los nudos críticos o desafíos
estructurales, y los principios habilitadores u oportunidades de
reconfiguración. La discusión de estos resultados no se planteó como una mera
enumeración; más bien, procuró tejer un entramado interpretativo que muestre la
vitalidad y las contradicciones del debate académico en este campo.
En el primer eje, el de los desafíos estructurales para
una gestión compleja orientada a la sustentabilidad, el análisis identificó un
consenso significativo entre autores acerca de la persistencia de obstáculos
profundamente arraigados en la cultura organizativa educativa tradicional.
Edgar Morin, con su crítica al “paradigma de simplificación”, ofreció la piedra
angular para comprender este fenómeno. Él argumenta que el pensamiento
simplificador “desune y desarticula, y oculta todo lo que es tejido conjuntivo,
contextual y complejo” (Morin 1994, 58).
Por lo que, esta cita trasciende lo epistemológico para
proyectarse sobre la praxis directiva. En este sentido, diagnostica que la
gestión convencional opera mediante un reduccionismo activo, aislando problemas
(como la deserción escolar o el bajo rendimiento) de sus contextos
socioeconómicos y familiares complejos, y promoviendo soluciones estandarizadas
que suelen ser ineficaces.
Asimismo, su perspectiva ilumina cómo este paradigma
genera estructuras administrativas compartimentadas, donde se puede trabajar
con lógicas autónomas y hasta contradictorias, imposibilitando una visión y una
acción integrada hacia la sustentabilidad. En la misma línea, pero desde una
mirada más aplicada a los sistemas educativos, el investigador mexicano Pedro
Flores Crespo advierte sobre la “tiranía de los indicadores”. Flores Crespo
(2012, 112) señala que “la obsesión por métricas reducidas a lo cuantificable e
inmediato termina por vaciar de contenido sustantivo los procesos educativos y
penaliza la innovación”.
De este modo, este análisis complementa agudamente al de
Morin. Por un lado, muestra la materialización concreta del pensamiento
simplificador en instrumentos de política y gestión, como los sistemas de
evaluación de desempeño docente o los rankings institucionales. Además, revela
cómo estos mecanismos, al priorizar lo medible en el corto plazo (tasas de
graduación, resultados en pruebas estandarizadas), marginan aspectos cruciales
para el desarrollo sustentable, como la formación en valores socio-ambientales,
la resiliencia comunitaria o la calidad de los vínculos pedagógicos, por ser de
naturaleza más elusiva y procesual.
De esta forma, se configura un círculo vicioso donde la
gestión, lejos de ser un motor para la transformación, se convierte en un
dispositivo que reproduce una racionalidad instrumental opuesta a los
principios de la complejidad y la sustentabilidad integral. Frente a este
panorama de inercias, el segundo eje analítico, centrado en las oportunidades y
principios habilitadores, despliega un abanico de propuestas constructivas que,
lejos del optimismo ingenuo, plantean reorientaciones prácticas basadas en el propio
marco de la complejidad.
Por su parte, la investigadora argentina Ruth Sautu, en
su trabajo sobre el método cualitativo, aporta una clave fundamental al
enfatizar la importancia de la “contextualización de los fenómenos sociales en
sus marcos históricos y estructurales específicos” (Sautu 2005, 32). Si bien su
enfoque es metodológico, su principio es absolutamente transferible a la
gestión. Desde esta perspectiva, una gestión educativa compleja dejaría de
buscar recetas universales para, en cambio, desarrollar una capacidad
diagnóstica fina y situada que permita diseñar intervenciones a la medida de
los ecosistemas particulares donde se inserta la escuela o la universidad.
En este orden de ideas, la sustentabilidad deja de ser un
decálogo abstracto para convertirse en un proyecto construido localmente, que
responde a las necesidades reales de una comunidad y su entorno. Igualmente, el
pedagogo español José Gimeno Sacristán aporta una visión crucial sobre la
autonomía institucional. Él sostiene que “la autonomía de los centros no es un
fin en sí misma, sino la condición para poder construir un proyecto educativo
significativo y responder con flexibilidad a su entorno” (Gimeno Sacristán
2012, 145).
En tal sentido, esta afirmación dialoga directamente con
los desafíos antes mencionados. Gimeno Sacristán propone que superar la tiranía
de los indicadores y la lógica burocrática requiere transferir poder de
decisión real a las instituciones. A su vez, esto exige un nuevo perfil de
gestor, no como un mero aplicador de normativas superiores, sino como un líder
facilitador, capaz de articular esa construcción colectiva de un proyecto
educativo donde la sustentabilidad sea un eje vertebrador.
Del mismo modo, este principio de autonomía responsable
es el que permite la experimentación y la innovación necesarias para probar
nuevas formas de organización, evaluación y vinculación con el territorio,
esenciales para un desarrollo genuino. Finalmente, la visión del teórico de la
sustentabilidad en educación superior, Anthony Cortese, sintetiza esta
articulación. Él argumenta que “las instituciones educativas deben operar como
microcosmos vivientes de una sociedad sustentable, integrando prácticas de justicia
social, cuidado ecológico y viabilidad económica en sus operaciones diarias”
(Cortese 2003, 17).
Por lo tanto, este autor lleva el constructo a su máxima
consecuencia operativa: la gestión no es un instrumento para la
sustentabilidad, sino el proceso a través del cual la institución encarna y
modela la sustentabilidad. Por consiguiente, una gestión compleja sería aquella
que diseña sus flujos de energía, sus compras, sus relaciones laborales, su
currículo oculto y su proyección social, coherentemente con el futuro que
pretende enseñar.
En este mismo orden de ideas, la confrontación y
complementariedad de estas voces autorizadas dibuja un mapa conceptual
dinámico. Mientras Morin y Flores Crespo deconstruyen las barreras
epistemológicas y prácticas, autores como Sautu, Gimeno Sacristán y Cortese
proponen vectores de acción concretos que emergen precisamente de aceptar la
complejidad, no como un obstáculo, sino como el sustrato mismo sobre el que es
posible construir una gestión educativa relevante y ética para el siglo XXI.
Conclusiones
El recorrido analítico desarrollado en este artículo
documental permite afirmar que la articulación entre los tres constructos
examinados, la gestión en clave de complejidad, el espectro de desafíos y
oportunidades, y el horizonte del desarrollo sustentable; configura un
paradigma imprescindible para reimaginar la función de las instituciones
educativas en el siglo XXI. Este estudio no se limita a una revisión teórica
más; más bien, sintetiza y contrasta perspectivas clave para demostrar que la
transición hacia modelos educativos sustentables es, ante todo, un desafío de
gestión y de pensamiento.
De esta manera, la principal contribución de este trabajo
reside en haber triangulado estos conceptos, evidenciando que su separación
conduce a intervenciones fragmentadas e ineficaces, mientras que su integración
deliberada abre un camino fértil para la innovación sistémica. A modo de
síntesis, se desprenden tres afirmaciones conclusivas fundamentales. En primer
lugar, la adopción del enfoque de la complejidad, tal como lo fundamenta Morin,
trasciende ser una mera opción teórica para convertirse en una necesidad
operativa. Gestionar bajo este prisma implica abandonar la ilusión del control
lineal y aceptar la incertidumbre como un espacio de creación.
En consecuencia, el liderazgo educativo debe evolucionar
desde un modelo de autoridad jerárquica hacia una función de facilitación de
redes, de cultivo de la inteligencia colectiva y de promoción de una autonomía
responsable en todos los niveles de la organización. Este es el sustrato
indispensable sin el cual cualquier intento de incorporar la sustentabilidad
quedará reducido a una acción cosmética o a un departamento aislado.
En segundo término, el análisis confirma que los desafíos
y oportunidades existen en una relación dialéctica, donde cada obstáculo
contiene, potencialmente, la semilla de su propia superación. La rigidez
burocrática y la tiranía de los indicadores reduccionistas, señaladas por
autores como Flores Crespo, representan sin duda inercias poderosas. Sin
embargo, la misma complejidad del contexto social y ambiental actual las vuelve
cada vez más disfuncionales, generando así una presión intrínseca para el cambio.
Desde esta perspectiva, la crisis se revela como una
coyuntura catalizadora. Las oportunidades, por lo tanto, no surgen a pesar de
la complejidad, sino precisamente de su reconocimiento honesto: la necesidad de
adaptación fomenta la innovación pedagógica y organizacional; la
interdependencia global exige y valora el trabajo en red y la colaboración
interinstitucional; y la demanda social de un futuro viable empodera a las
comunidades educativas para reclamar y ejercer una mayor participación en la
construcción de su proyecto formativo.
Por lo tanto, se concluye que el desarrollo sustentable,
en su concepción integral como la plantea la CEPAL, debe dejar de ser un
contenido curricular aislado para erigirse en el principio arquitectónico de la
gestión institucional en su totalidad. Esto significa que la sustentabilidad
deja de ser un tema que se enseña para convertirse en una lógica que se vive y
se practica en la cotidianidad de la institución. Implica diseñar políticas de
recursos humanos que prioricen el bienestar y la equidad, administrar los espacios
y los recursos materiales con criterios de eco-eficiencia y circularidad, y
relacionarse con el entorno inmediato bajo un principio de reciprocidad y
justicia social.
De este modo, la institución educativa se transforma en
un prototipo, en un laboratorio vivo de las sociedades que aspiramos a
construir, haciendo de la coherencia entre el discurso y la práctica su
principal lección ética. En última instancia, este artículo sostiene que la
gestión educativa en clave de complejidad no es una fórmula mágica ni un manual
de procedimientos. Se trata, más bien, de una postura ética, epistemológica y
práctica que habilita a las organizaciones educativas para navegar la incertidumbre
con responsabilidad, para aprender de manera colectiva y permanente, y para
orientar sus acciones con un sentido de futuro.
Por lo que, los desafíos son formidables, pues exigen un
replanteamiento cultural profundo. No obstante, las oportunidades que se
desprenden de este replanteamiento, la posibilidad de formar ciudadanos
críticos y empoderados, de regenerar el vínculo con el planeta y de contribuir
a comunidades más justas; constituyen la tarea más urgente y noble para la
educación de este tiempo.
Referencias Bibliográficas
Bardin, Laurence. 1996. El análisis
de contenido. Traducido por María Teresa Mayáns. Madrid: Ediciones Akal.
Barrón Tirado, Julio. 2008.
"Gestión universitaria en entornos complejos: tensiones y desafíos".
Revista de la Educación Superior 37 (148): 75-92.
CEPAL (Comisión Económica para
América Latina y el Caribe). 2018. La ineficiencia de la desigualdad. Santiago
de Chile: Publicaciones de las Naciones Unidas.
Cortese, Anthony. 2003.
"The Critical Role of Higher Education in Creating a Sustainable
Future". Planning
for Higher Education 31 (3): 15-22.
Flores Crespo, Pedro. 2012.
Política, educación y sociedad. Un acercamiento sociológico. México D.F.:
Centro de Estudios Educativos.
Gimeno Sacristán, José. 2012.
Educar y convivir en la cultura global. Madrid: Ediciones Morata.
Morin, Edgar. 1994. Introducción al
pensamiento complejo. Traducido por Marcelo Pakman. Barcelona: Gedisa.
Sautu, Ruth. 2005. La metodología
de la investigación social: el taller. Buenos Aires: Lumiere.